Un gran número de personas en España desempeña su actividad laboral en oficinas. Este tipo de trabajo requiere el uso frecuente de he­rra­mie­n­tas de vi­deo­co­n­fe­re­n­cia. Desde el comienzo de la pandemia del co­ro­na­vi­rus SARS-CoV-2, el número de usuarios de estas he­rra­mie­n­tas ha aumentado co­n­si­de­ra­ble­me­n­te. Las reuniones virtuales han salvado a muchas empresas de grandes daños eco­nó­mi­cos, pero en ocasiones también pueden resultar es­tre­sa­n­tes para los tra­ba­ja­do­res.

Te ex­pli­ca­mos en qué consiste el nuevo fenómeno conocido como fatiga de Zoom, qué lo ocasiona y qué puedes hacer para evitarlo.

¿Qué es la fatiga de Zoom?

Cansarse por tener una reunión tras otra no es ninguna novedad. Con la pandemia y el cierre ordenado de centros de trabajo, muchos empleados pensaron que el número de reuniones se reduciría y que las pocas que habría en línea no causarían mucho estrés. Después de todo, estarían có­mo­da­me­n­te sentados en su casa, se co­ne­c­ta­rían a la reunión con un par de clics y ni siquiera tendrían que ponerse los zapatos de la oficina. Sin embargo, el uso de las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias ha aumentado drá­s­ti­ca­me­n­te y ha quedado claro que las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias también causan su propio tipo de estrés y son pa­r­ti­cu­la­r­me­n­te ago­ta­do­ras.

El nuevo fenómeno ha empezado a conocerse po­pu­la­r­me­n­te como fatiga de Zoom.

Zoom es una de las he­rra­mie­n­tas para vi­deo­co­n­fe­re­n­cias más ex­te­n­di­das y por ello dio su nombre al nuevo fenómeno. La fatiga de Zoom no se limita solo al cansancio causado por las llamadas de Zoom, sino que se utiliza de manera ge­ne­ra­li­za­da, porque cua­l­quie­ra de las al­te­r­na­ti­vas a Zoom que pueden uti­li­zar­se puede provocar los mismos síntomas.

Fatiga de Zoom: las co­n­se­cue­n­cias del in­cre­me­n­to de las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias

Ac­tua­l­me­n­te hay pocos estudios que pro­po­r­cio­nen una visión completa que permita juzgar cómo el alto número de vi­deo­co­n­fe­re­n­cias afecta a los empleados física y psi­co­ló­gi­ca­me­n­te. Muchas co­n­si­de­ra­cio­nes se basan en informes in­di­vi­dua­les o en el sentir general.

Un estudio de la Uni­ve­r­si­dad de Ciencias Aplicadas de Lu­d­wi­g­sha­fen, en Alemania, está pu­bli­ca­n­do los primeros re­su­l­ta­dos. El estudio investigó cómo de extendida está la fatiga de Zoom entre los alemanes que trabajan a distancia y el resultado fue que un 60 % de los en­cue­s­ta­dos admitió estar fa­mi­lia­ri­za­do con el fenómeno y un 15 % afirmó padecerlo pe­r­ma­ne­n­te­me­n­te.

El estudio también pro­po­r­cio­na in­fo­r­ma­ción sobre los síntomas es­pe­cí­fi­cos de este fenómeno. Según estos datos, la fatiga de Zoom es más que un cansancio normal. Los pa­r­ti­ci­pa­n­tes pre­se­n­ta­ron los si­guie­n­tes síntomas:

  • Di­fi­cu­l­ta­des de co­n­ce­n­tra­ción
  • Aumento de la im­pa­cie­n­cia y la irri­ta­bi­li­dad
  • Dolor de cabeza y espalda
  • Dolor en las ex­tre­mi­da­des y en el estómago (algo de esperar según los di­re­c­to­res del estudio)

Como resultado del cansancio, la pro­du­c­ti­vi­dad durante el te­le­tra­ba­jo puede verse afectada y la calidad del trabajo y los re­su­l­ta­dos pueden empeorar.

La im­po­r­ta­n­cia del estudio de la Uni­ve­r­si­dad de Lu­d­wi­g­sha­fen es aún mínima, ya que en él solo pa­r­ti­ci­pa­ron 422 personas. Pero desde un punto de vista psi­co­ló­gi­co, es fácil demostrar que las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias también pueden re­pre­se­n­tar un factor de estrés.

¿Por qué resultan tan ago­ta­do­ras las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias?

Las reuniones virtuales rea­li­za­das con un programa de vi­deo­co­n­fe­re­n­cia son prácticas, pero, en co­m­pa­ra­ción con las reuniones pre­se­n­cia­les, los pa­r­ti­ci­pa­n­tes han de en­fre­n­tar­se a ciertos retos psi­co­ló­gi­cos. Hacerles frente supone un desafío para nuestro cerebro, nos hace consumir mucha energía y puede llevar a la ya comentada fatiga de Zoom.

Las señales de co­mu­ni­ca­ción no verbal son más difíciles de detectar

Aunque la vi­deo­co­n­fe­re­n­cia tiene la ventaja de pe­r­mi­ti­r­nos ver las ex­pre­sio­nes y gestos de la otra persona, nuestro campo de visión sigue siendo limitado. De­pe­n­die­n­do del ángulo de la cámara, puede ser difícil leer la mirada de la otra persona. En reuniones con muchos pa­r­ti­ci­pa­n­tes, es casi imposible percibir las reac­cio­nes de todos en la co­n­ve­r­sa­ción, como podría hacerse en una sala de reuniones normal.

Ciertos factores como el lenguaje corporal, el contacto visual y la posición del orador en la ha­bi­ta­ción son señales no verbales que nos ayudan a in­te­r­pre­tar la in­fo­r­ma­ción. En las reuniones online, nuestro cerebro está co­n­s­ta­n­te­me­n­te ocupado co­m­pe­n­sa­n­do toda esta in­fo­r­ma­ción faltante. Un estudio es­ta­dou­ni­de­n­se ya comprobó en 2008 que este esfuerzo puede resultar agotador.

El estrés generado por el aumento de la au­to­crí­ti­ca

En las salas de reuniones raramente hay espejos y es por una buena razón: muchas personas no se llevan bien con su propia imagen. En las reuniones online, al contrario, la imagen propia siempre está presente en la pantalla. Esto hace que estemos muy pe­n­die­n­tes de nuestro aspecto, vo­l­vié­n­do­nos a menudo muy críticos, de modo que algunos usuarios podrían sentirse incómodos e inseguros. Querrán comprobar, por ejemplo, si su ropa les queda bien o si parecen lo su­fi­cie­n­te­me­n­te pro­fe­sio­na­les. Estos pe­n­sa­mie­n­tos no solo aumentan la fatiga de Zoom, sino que también distraen a los pa­r­ti­ci­pa­n­tes, que deberían atender al contenido de la co­n­fe­re­n­cia.

Los problemas técnicos di­fi­cu­l­tan la fluidez de la llamada

A pesar de la expansión del Internet de alta velocidad y de la red de fibra óptica, todavía existen los problemas de velocidad en las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias. Un estudio demostró que incluso un segundo de retraso en la re­tra­n­s­mi­sión puede si­g­ni­fi­car un gran esfuerzo para el cerebro humano. Y no solo eso: cuando esto sucede, tendemos a percibir a nuestro in­te­r­lo­cu­tor como menos atento, lo cual puede influir en el tra­n­s­cu­r­so de la co­n­fe­re­n­cia.

Las re­la­cio­nes in­te­r­pe­r­so­na­les se ven afectadas

Al margen de los problemas técnicos, la co­mu­ni­ca­ción a través de este tipo de he­rra­mie­n­tas hace que las personas confíen menos en los demás y que el en­te­n­di­mie­n­to sea más difícil, tal y como demostró un estudio sobre los efectos de las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias en las so­li­ci­tu­des de asilo al de­pa­r­ta­me­n­to de in­mi­gra­ción y re­fu­gia­dos de Canadá.

Otra de­s­ve­n­ta­ja es que no se puede tener contacto visual directo con la persona con la que se está hablando, ya que para ello hay que mirar a la cámara, lo cual significa no poder ver al in­te­r­lo­cu­tor. El contacto visual es im­po­r­ta­n­te para conseguir atención y generar confianza.

Los pa­r­ti­ci­pa­n­tes de las reuniones suelen intentar, de forma co­n­s­cie­n­te o in­co­n­s­cie­n­te, compensar esta falta de co­mu­ni­ca­ción no verbal y aun así crear re­la­cio­nes in­te­r­pe­r­so­na­les. Este trabajo mental agota y provoca la fatiga de Zoom.

La tentación de realizar varias tareas a la vez aumenta

En una reunión en persona, es bastante difícil revisar correos, citas o enviar mensajes mientras un colega hace una pre­se­n­ta­ción. Cuando se está solo ante el ordenador, no se percibe si la mirada se desvía y se dirige a otros programas o páginas. Es­pe­cia­l­me­n­te en reuniones largas, los pa­r­ti­ci­pa­n­tes tienden a trabajar en otras tareas. Tratan de aumentar la pro­du­c­ti­vi­dad, a pesar de que el mu­l­ti­ta­s­ki­ng puede cansar y afectar a la calidad del trabajo.

Consejos contra la fatiga de Zoom

Pese a todos estos in­co­n­ve­nie­n­tes derivados de las reuniones virtuales, puedes adoptar ciertas medidas de pre­ve­n­ción.

Comprobar el número de reuniones

Para evitar la fatiga de Zoom, puede ser de ayuda verificar cuántas vi­deo­co­n­fe­re­n­cias son realmente ne­ce­sa­rias. ¿Tienen que pa­r­ti­ci­par todos los miembros del equipo en todas las reuniones? ¿Bastaría con una llamada semanal en la que se discutan todos los temas?

Limitar la duración de las reuniones

Si no se puede reducir el número de reuniones, se debe al menos tratar de limitar la duración de cada una. Los expertos aconsejan no tener reuniones de más de 45 minutos y or­ga­ni­zar­las de manera que los pa­r­ti­ci­pa­n­tes puedan hacer una pausa de al menos 15 minutos entre reunión y reunión. De esta manera, el cerebro puede re­cu­pe­rar­se de este esfuerzo digital.

Sustituir la vi­deo­co­n­fe­re­n­cia por una llamada te­le­fó­ni­ca

En general, se ha abusado de la vi­deo­co­n­fe­re­n­cia para sustituir las reuniones en persona. En muchos casos, no son la mejor opción.

Si se trata de una mera tra­n­s­fe­re­n­cia de in­fo­r­ma­ción y los in­te­r­lo­cu­to­res se conocen bien, una llamada te­le­fó­ni­ca puede dar mejores re­su­l­ta­dos. Los pa­r­ti­ci­pa­n­tes pueden co­n­ce­n­trar­se en la in­fo­r­ma­ción, se pierden menos en la au­to­crí­ti­ca y su cerebro estará menos ocupado ana­li­za­n­do a los demás pa­r­ti­ci­pa­n­tes.

Una vi­deo­co­n­fe­re­n­cia es más adecuada para conocer a alguien o cuando el nivel personal juega un papel im­po­r­ta­n­te. A pesar de sus de­s­ve­n­ta­jas, el encuentro por vídeo es el mejor formato para un encuentro personal. Con algunos consejos, podrás llevar a cabo reuniones de trabajo efi­cie­n­tes.

Fatiga de Zoom: no se trata de un problema in­di­vi­dual

El te­le­tra­ba­jo no volverá a ser como antes tras la pandemia, por lo que la fatiga de Zoom seguirá siendo un reto que las empresas deberán afrontar si quieren que sus equipos trabajen juntos de forma eficaz.

Las empresas no deberían co­n­si­de­rar el buen uso de las vi­deo­co­n­fe­re­n­cias como una re­s­po­n­sa­bi­li­dad exclusiva del empleado, sino que deberían in­tro­du­cir normas para es­ta­ble­cer un marco claro de or­ga­ni­za­ción en el equipo. De esta manera, se generará seguridad, se reforzará la pro­du­c­ti­vi­dad y se protegerá la salud de los empleados, de manera que todos saldrán ganando.

Ir al menú principal