Día a día es normal visitar varias páginas web para consultar in­fo­r­ma­ción, disfrutar del en­tre­te­ni­mie­n­to, buscar productos y servicios o usar las pla­ta­fo­r­mas de redes sociales para estar en contacto con amigos o fa­mi­lia­res. Para la mayoría de usuarios, acceder a una página web consiste bá­si­ca­me­n­te en teclear una dirección en la barra de búsqueda, pero en realidad, es en este momento cuando se pone en marcha un complejo pro­ce­di­mie­n­to que finaliza en la vi­sua­li­za­ción de la página en el navegador. Sin que el usuario lo note, en fra­c­cio­nes de segundo, el navegador entra en contacto con se­r­vi­do­res web re­pa­r­ti­dos por todo el mundo, consulta allí los paquetes de datos al­ma­ce­na­dos y entrega, a partir de estos, una página web en la pantalla del di­s­po­si­ti­vo. A co­n­ti­nua­ción, te mostramos cuál es el proceso y qué es­ta­cio­nes in­te­r­me­dias es necesario recorrer para mostrar una página web.

Del URL a la dirección IP

Todo comienza cuando se introduce una dirección en la barra de búsqueda del navegador, de­no­mi­na­da té­c­ni­ca­me­n­te como lo­ca­li­za­dor de recursos uniforme (del inglés URL o Uniform Resource Locator), que ide­n­ti­fi­ca de forma ine­quí­vo­ca a toda página web y permite lo­ca­li­zar­la en Internet. Este URL está compuesto de varios elementos, cada uno con una función de­te­r­mi­na­da. En general, los URL de las páginas web siguen el siguiente esquema:

Protocolo Servicio Dominio de segundo nivel Dominio de nivel superior (Di­re­c­to­rio) (Archivo)
http:// www. do­mi­nio­dee­je­m­plo .de /di­re­c­to­rio /index.html

Internet consiste en un sistema de do­cu­me­n­tos de hi­pe­r­te­x­to al­ma­ce­na­dos ele­c­tró­ni­ca­me­n­te. Para tra­n­s­fe­rir los datos de una web desde el servidor al navegador, se utiliza el llamado protocolo de tra­n­s­fe­re­n­cia de hi­pe­r­te­x­to o Hypertext Transfer Protocol (HTTP) y su variante en­cri­p­ta­da HTTPS, protocolo seguro de tra­n­s­fe­re­n­cia de hi­pe­r­te­x­to o Hypertext Transfer Protocol Secure.

Al protocolo de tra­n­s­fe­re­n­cia y al servicio de Internet so­li­ci­ta­do les sigue, en la co­n­s­tru­c­ción estándar de un URL, el nombre de dominio, la de­no­mi­na­ción que ide­n­ti­fi­ca a un co­mpu­tador en la red, formado por un dominio de nivel superior o TLD (Top Level Domain) y un dominio de segundo nivel o SLD (Second Level Domain). Este dominio de segundo nivel aún podría incluir un dominio de tercer nivel o su­b­do­mi­nio. Si ju­n­ta­me­n­te con la dirección URL se quiere acceder a un de­te­r­mi­na­do di­re­c­to­rio o a un archivo en una página web, se debe indicar a co­n­ti­nua­ción del nombre de dominio.

La re­pre­se­n­ta­ción del URL con letras, tal y como lo conocemos, tiene como objetivo la co­m­pre­n­sión humana, ya que los or­de­na­do­res trabajan con co­m­bi­na­cio­nes de cifras, las llamadas di­re­c­cio­nes IP. Por este motivo, para que un navegador pueda acceder a los co­n­te­ni­dos de una web, es necesario que el URL de la página so­li­ci­ta­da sea co­n­ve­r­ti­do en una dirección IP. De esto se encargan los llamados se­r­vi­do­res DNS, re­s­po­n­sa­bles de la gestión del sistema de nombres de dominio o DNS (Domain Name Server).

Se­r­vi­do­res DNS: la agenda de las di­re­c­cio­nes IP

Cuando in­tro­du­ci­mos una dirección en la barra de búsqueda de un navegador, este dirige su URL a un router, el cual se encarga de buscar la dirección IP co­rre­s­po­n­die­n­te para esta página web. La in­fo­r­ma­ción necesaria se la pro­po­r­cio­na un servidor DNS, un servidor web especial re­s­po­n­sa­ble de la re­so­lu­ción de nombres. Para co­n­fi­gu­rar el servidor DNS que se va a utilizar, es posible hacerlo desde el router o desde el sistema operativo, aunque la co­n­fi­gu­ra­ción estándar estipula el servidor del co­rre­s­po­n­die­n­te proveedor de Internet. Dado que la consulta en el DNS requiere algo de tiempo, las di­re­c­cio­nes IP de páginas ya visitadas se almacenan en el caché DNS del sistema operativo. Esta especie de al­ma­ce­na­mie­n­to in­te­r­me­dio permite que la dirección IP guardada esté di­s­po­ni­ble para po­s­te­rio­res visitas a la misma página web, lo que de­s­co­n­ge­s­tio­na el servidor DNS y agiliza el acceso a las webs.

El router: el eslabón entre el ordenador y el servidor

El puesto in­te­r­me­dio entre Internet y la red local lo co­n­s­ti­tu­ye el router. Este solicita los datos desde Internet y los di­s­tri­bu­ye entre los di­s­po­si­ti­vos de la red (or­de­na­do­res, po­r­tá­ti­les o tablets). Esta función de eslabón in­te­r­me­dio que realiza el router es necesaria porque, aunque los di­s­po­si­ti­vos en la red local se comunican entre ellos con di­re­c­cio­nes IP locales, hacia el exterior comparten la dirección IP pública del router. El pro­ce­di­mie­n­to de tra­du­c­ción de las di­re­c­cio­nes de la red o Network Adress Tra­n­s­la­tion (NAT) que realiza el router ya no es necesario en las modernas co­ne­xio­nes Ipv6, pues cada di­s­po­si­ti­vo de la red local recibe una dirección IP pública.

Tra­n­s­fe­re­n­cia de datos mediante HTTP

Una vez el router ha en­co­n­tra­do la dirección IP de la página so­li­ci­ta­da, pide en el servidor web co­rre­s­po­n­die­n­te los datos ne­ce­sa­rios para mostrar la página en el navegador. Esta consulta tiene lugar mediante HTTP en la forma de un paquete de datos que contiene toda la in­fo­r­ma­ción que el servidor web necesita para entregar los datos de la página web. Además de la dirección IP de la página web so­li­ci­ta­da, el router comunica su propia dirección IP como emisor y pro­po­r­cio­na in­fo­r­ma­ción sobre el sistema operativo, el navegador y el tipo de di­s­po­si­ti­vo que ha de mostrar la página web. El servidor web evalúa esta in­fo­r­ma­ción y emite un código de estado HTTP. Si la solicitud tiene éxito, el servidor envía un paquete de datos al navegador con toda la in­fo­r­ma­ción necesaria para la vi­sua­li­za­ción de la página web. Si, por el contrario, el servidor no encuentra la página web en la dirección so­li­ci­ta­da, o bien emite un código de error 404 (página web no en­co­n­tra­da) o redirige a la nueva dirección si la conoce.

Protégete y compra un ce­r­ti­fi­ca­do SSL

Evita aparecer en la barra del navegador como "página no segura" y consigue la confianza de tus clientes con una página web con en­cri­p­ta­ción SSL.

Último paso: la página web se muestra en el navegador web

Los paquetes de datos entrantes desde Internet son re­di­ri­gi­dos por el router al ordenador en el cual se solicitó la página web, donde son ana­li­za­dos por el navegador web. Por regla general, las páginas web están co­n­s­ti­tui­das por archivos HTML, CSS y Ja­va­S­cri­pt, cuyas líneas de código contienen in­fo­r­ma­ción que indica al navegador cómo ha de mostrar la página web. Mientras que los do­cu­me­n­tos HTML definen la es­tru­c­tu­ra y los elementos de uso de una página web, las hojas de estilo en cascada o archivos CSS (Cascading Style Sheets) se usan para definir aspectos de diseño. Aquellos elementos que sirven para la in­ter­ac­ción del usuario con la página web (fo­r­mu­la­rios, etc.) suelen rea­li­zar­se con Ja­va­S­cri­pt.

El motor de re­n­de­ri­za­do (rendering engine) del navegador juega un papel de­te­r­mi­na­n­te en la in­te­r­pre­ta­ción de las líneas de código de estos archivos, lo que ocasiona di­fe­re­n­cias en la vi­sua­li­za­ción de una página en di­fe­re­n­tes na­ve­ga­do­res. Este también dispone de un caché que almacena te­m­po­ra­l­me­n­te los datos cuando se abre una página, de manera que cuando se acceda a una página que ya se visitó, no habrá que solicitar de nuevo todos los datos. El navegador web solo carga los archivos que se han mo­di­fi­ca­do desde la última visita, lo que repercute fa­vo­ra­ble­me­n­te en la velocidad de carga de una página.

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