La uti­li­za­ción ingenua de las redes sociales puede tener co­n­se­cue­n­cias emo­cio­na­les, sociales, fi­na­n­cie­ras y legales. En algunos casos, incluso puede provocar la pu­bli­ca­ción o di­vu­l­ga­ción indeseada de datos pe­r­so­na­les. Los niños y los jóvenes no son los únicos que están expuestos a los riesgos de las redes sociales, sino que también forman parte de dicho grupo los adultos y, asimismo, las au­to­ri­da­des públicas, los bancos y las grandes empresas de Internet.

Hoy en día las redes sociales son más populares que nunca. De los casi 3,43 mil millones de usuarios de Internet en todo el mundo, 2,28 mil millones de personas, es decir, casi un tercio de la población mundial, utilizan las redes sociales, tendencia que va en aumento. Como pla­ta­fo­r­ma con el mayor número de clics mensuales, Facebook va a la cabeza y celebra con WhatsApp una doble victoria entre los usuarios de di­s­po­si­ti­vos móviles.

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El en­tu­sia­s­mo por las fotos de perezosos y gatos puede ser elevado, pero donde mucha gente se concentra, también hay ladrones que se regocijan. En la vida real estos se sienten atraídos por los fe­s­ti­va­les ca­lle­je­ros, los vagones atestados de gente y las animadas atra­c­cio­nes tu­rí­s­ti­cas, pero en el mundo digital, las redes sociales sirven para que los hackers, los ci­be­r­de­li­n­cue­n­tes y los tra­fi­ca­n­tes de datos campen a sus anchas. Sin embargo, los peligros de Facebook y de otras redes sociales entrañan muchas más in­se­gu­ri­da­des de las que es necesario pro­te­ge­r­se.

La in­se­gu­ri­dad en las redes sociales: la adicción a los likes

Los jóvenes son pa­r­ti­cu­la­r­me­n­te propensos a volverse adictos a Internet: en una fase vital en la que los contactos sociales con personas de la misma edad de­sem­pe­ñan un papel muy im­po­r­ta­n­te para la au­toe­s­ti­ma y la identidad, los likes y las so­li­ci­tu­des de amistad inducen a pasar cada vez más tiempo frente a la pantalla.

Al igual que en la adicción al juego, la emoción real en la que el cuerpo libera en­do­r­fi­nas solo puede sentirse durante una fracción de segundo, esto es, cuando la alarma de mensajes nuevos parpadea alertando sobre la recepción de posibles mensajes de “amigos” o sobre una va­lo­ra­ción positiva en un co­me­n­ta­rio publicado. Si se deja de prestar atención al sma­r­t­pho­ne durante mucho tiempo, algunos tienen la sensación de estar dejando de lado cosas im­po­r­ta­n­tes, con lo que se pierde de vista lo que realmente importa fuera de las redes sociales.

Pri­va­ci­dad y me­n­sa­je­ría: mobbing en la época digital

Mientras que algunos reciben su dosis diaria de felicidad en Internet, otros siempre deben estar pre­pa­ra­dos para lo peor en cuanto se conectan a las redes sociales, pues se han co­n­ve­r­ti­do en víctimas de ci­ber­aco­so o stalking, ex­te­n­sio­nes digitales de problemas reales. Aquellos es­tu­dia­n­tes que padecen ai­s­la­mie­n­to en clase también suelen ser víctimas de insultos abe­rra­n­tes en la red, que pueden incluir ataques y amenazas, di­fa­ma­cio­nes o la pu­bli­ca­ción de imágenes pe­r­so­na­les. Las víctimas de los aco­sa­do­res deben hacer frente a menudo a mensajes ame­na­za­do­res y el hecho de subir fotos que se pueden ver pú­bli­ca­me­n­te y de compartir eventos próximos hace que muchos usuarios faciliten eno­r­me­me­n­te la tarea a sus aco­sa­do­res.

Por ello es re­co­me­n­da­ble que los padres hablen con sus hijos sobre los peligros de las redes sociales antes de pe­r­mi­ti­r­les crear una cuenta, haciendo especial hincapié en la im­po­r­ta­n­cia de los ajustes de pri­va­ci­dad. Cuantos menos datos pe­r­so­na­les se publiquen, mejor, y es que, como indica esta in­fo­gra­fía de Tre­n­d­Mi­cro sobre los riesgos de hacer pu­bli­ca­cio­nes en las redes sociales, los de­li­n­cue­n­tes utilizan sobre todo los datos sobre el centro de estudios (que ofrece el 61 % de todos los usuarios), el lugar de na­ci­mie­n­to (48 %) o los planes para las va­ca­cio­nes (26 %) para acosar o amenazar a sus víctimas.

Los peligros de Facebook y el tráfico de datos

Todo el que se mueve por la red deja rastro. Quien hace público su muro de Facebook y lo nutre dia­ria­me­n­te con datos sobre su edad, su música favorita, su afición por los juegos o sus marcas favoritas, está dejando una huella digital tan grande como la de Godzilla. En sus Términos y Co­n­di­cio­nes se lee cla­ra­me­n­te que Facebook no solo tiene los derechos sobre todas las fotos que se suben a la pla­ta­fo­r­ma, sino que puede revender los datos de perfil públicos, prá­c­ti­ca­me­n­te un dossier digital, a sus socios. Muchos usuarios no ven ningún problema en ello, sino que al menos una cuarta parte de los usuarios en­cue­s­ta­dos se alegraba incluso de ver pu­bli­ci­dad personal basada en el análisis de datos, con lo que así se facilita la búsqueda de bienes de consumo.

Sin embargo, todo el mundo debe ser co­n­s­cie­n­te de que el al­ma­ce­na­mie­n­to y la venta de datos pe­r­so­na­les conlleva o aumenta el riesgo de caer en manos de los cri­mi­na­les. Además, los usuarios finales no suelen tener una visión general de hasta dónde llegan sus datos en la red. Incluso cuando te descargas una apli­ca­ción estás co­n­ce­die­n­do in­co­n­s­cie­n­te­me­n­te el derecho a analizar tus datos de contacto y la in­fo­r­ma­ción sobre tu conexión a Internet. Estos datos pe­r­so­na­les son los que hacen a los usuarios de las redes sociales in­te­re­sa­n­tes para las empresas y su venta permite ganar dinero o, al menos, adaptar la pu­bli­ci­dad al usuario.

Con contraste, la pu­bli­ci­dad pe­r­so­na­li­za­da re­pre­se­n­ta un uso ino­fe­n­si­vo de los datos pe­r­so­na­les. Cuando los in­ge­nie­ros sociales acceden a tus datos, la amenaza es mucho peor, pues estos son la versión moderna de los es­ta­fa­do­res: los in­ge­nie­ros sociales engañan a sus víctimas para obtener sus datos o su dinero, para lo que utilizan diversos métodos: ge­ne­ra­l­me­n­te adoptan una identidad falsa para ganarse la confianza de las posibles víctimas y, o bien se presentan como autoridad (por ejemplo, ha­cié­n­do­se pasar por un agente fi­na­n­cie­ro o por un miembro de la Oficina de In­ve­s­ti­ga­ción Criminal) o como un amigo o familiar. Esto se hace, por ejemplo, hackeando cuentas o es­cri­bié­n­do­le a los contactos.

Una variante especial de la in­ge­nie­ría social es el baiting: los pro­vee­do­res de supuestas descargas gratuitas requieren los datos de acceso al correo ele­c­tró­ni­co y así pueden acceder a tu cuenta de correo ele­c­tró­ni­co. Quid pro quo es el nombre que recibe un método con el que los es­ta­fa­do­res ofrecen de­te­r­mi­na­dos servicios o in­fo­r­ma­ción si el usuario sigue sus in­s­tru­c­cio­nes o pro­po­r­cio­na datos técnicos de antemano. Veamos un ejemplo: si el estafador se hace pasar por una empresa de in­fo­r­má­ti­ca que ofrece una solución rápida para problemas comunes con bugs, pedirá a su víctima que desactive el firewall e instale una ac­tua­li­za­ción, la cual resulta ser un virus o un spyware.

Los ataques de phishing se alimentan del miedo y se sostienen por la confianza en las au­to­ri­da­des. Así, muchos correos de phishing se basan en el texto y el diseño de los emails de bancos o de populares pro­vee­do­res de servicios, enlazando a páginas web que se asemejan a las de las re­s­pe­c­ti­vas in­s­ti­tu­cio­nes. Si se in­tro­du­cen los datos bancarios, estos se envían di­re­c­ta­me­n­te a los ci­be­r­de­li­n­cue­n­tes. Otra po­si­bi­li­dad es el robo de la identidad, cuyo uso permite a los de­li­n­cue­n­tes abrir negocios o cometer delitos en tu nombre.

De­s­cré­di­to: cua­l­quie­ra puede ver los co­n­te­ni­dos públicos, incluso tu jefe

¿Estás buscando trabajo o has en­co­n­tra­do al amor de tu vida? Las redes sociales te ofrecen muchas opciones para causar una impresión, tanto positiva como negativa, a los nuevos contactos. Un 75 por ciento de los jefes de personal consiguen hacerse una primera idea de los so­li­ci­ta­n­tes de trabajo a través de Facebook. Sin embargo, quien destaque pú­bli­ca­me­n­te con fotos o co­me­n­ta­rios re­fe­re­n­tes a drogas ilegales o al consumo excesivo de alcohol, verá di­s­mi­nui­das sus po­si­bi­li­da­des. Asimismo, los mensajes de odio re­fe­re­n­tes a tu persona también dan una mala imagen sobre ti, pero no todas las meteduras de pata en las redes sociales son re­s­po­n­sa­bi­li­dad tuya. A los cha­n­ta­ji­s­tas o a tus enemigos pe­r­so­na­les les resulta sencillo publicar co­me­n­ta­rios di­fa­ma­to­rios en la red. Los peligros de las redes sociales van desde la di­fa­ma­ción hasta el llamado revenge porn (po­r­no­gra­fía vengativa). Aunque las pla­ta­fo­r­mas es­ta­ble­cen normas de co­m­po­r­ta­mie­n­to y suelen recurrir a mo­de­ra­do­res que eliminan ese tipo de co­n­te­ni­dos, no siempre se reacciona con prontitud. Así, los co­n­te­ni­dos subidos de tono pueden pro­pa­gar­se sin control y en tales casos solo se puede ayudar a las víctimas do­cu­me­n­ta­n­do con precisión quién tenía acceso a los datos y acudiendo a la policía.

Consejo

Puedes obtener más in­fo­r­ma­ción sobre la di­ve­r­si­dad de las redes sociales y sobre cómo mantener buenos contactos en nuestro artículo sobre las redes sociales más uti­li­za­das.

Las redes sociales como he­rra­mie­n­ta de RRPP: riesgos para la imagen

Muchas empresas utilizan las redes sociales para aumentar su alcance y co­mu­ni­car­se con los clientes. Las in­s­ti­tu­cio­nes o empresas de mayor en­ve­r­ga­du­ra suelen tener varias cuentas que deben ad­mi­ni­s­trar. Si no existe ningún cargo directivo que se ocupe de la exactitud y ac­tua­li­dad de los co­n­te­ni­dos, esto puede tener una re­pe­r­cu­sión negativa en el lector. Así, la falta de or­ga­ni­za­ción de los co­n­te­ni­dos propios es uno de los peligros de las redes sociales que muchas empresas su­b­e­s­ti­man, pero tampoco deben dejarse de controlar los co­me­n­ta­rios, pues las di­s­cu­sio­nes llenas de insultos intimidan a los lectores. Asimismo, si las personas re­s­po­n­sa­bles no in­te­r­vie­nen en los mensajes de odio y en las amenazas, esto también puede dañar la imagen. Es­pe­cia­l­me­n­te si se origina una shitstorm, el escándalo está servido.

Los cursos de formación, una política de redes sociales y el acceso re­s­tri­n­gi­do úni­ca­me­n­te a algunos tra­ba­ja­do­res son las piedras angulares de una presencia brillante en la red, sin olvidar la seguridad jurídica. Entre los riesgos de las redes sociales también se cuentan los hackers que fa­l­si­fi­can co­n­te­ni­dos o di­s­tri­bu­yen virus y gusanos a los clientes tras hacerse con una cuenta.

Asimismo, el phishing y la re­di­re­c­ción a páginas web ma­li­cio­sas son prácticas cada vez más comunes entre los ci­be­r­de­li­n­cue­n­tes. Con ello, de­pe­n­die­n­do del ataque pueden pro­du­ci­r­se, además de daños a la repu­tación, pe­r­jui­cios eco­nó­mi­cos adi­cio­na­les.

Co­n­clu­sión

Las redes sociales entrañan peligros que pueden tener graves co­n­se­cue­n­cias, pero una cierta dosis de es­ce­p­ti­ci­s­mo son de gran ayuda en la mayoría de los casos, al igual que las si­guie­n­tes medidas:

  • Co­n­fi­gu­rar la pri­va­ci­dad de manera que solo los amigos puedan tener acceso a tu in­fo­r­ma­ción
  • Evitar publicar datos pe­r­so­na­les o los planes sobre las va­ca­cio­nes
  • No aceptar so­li­ci­tu­des o mensajes de cuentas de­s­co­no­ci­das
  • Evitar hacer clic en URL abre­via­das
  • Informar sobre cuentas so­s­pe­cho­sas u ofensivas
  • Separar es­tri­c­ta­me­n­te entre la cuenta privada y la del trabajo
  • Cursos de formación sobre redes sociales para tra­ba­ja­do­res con hincapié en la seguridad de los datos
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