Todavía no se ha es­ta­ble­ci­do una de­fi­ni­ción para el término “Internet de las cosas” (conocido también por su de­no­mi­na­ción en inglés, Internet of Things, y sus siglas IoT). Más bien existen distintas de­fi­ni­cio­nes que se di­fe­re­n­cian en los pequeños detalles, aunque, en general, todas coinciden en un punto: el término hace re­fe­re­n­cia a la in­te­r­co­ne­xión de objetos co­ti­dia­nos y de máquinas in­du­s­tria­les a través de Internet. Estos objetos reciben una identidad única (dirección) en la red y pueden llevar a cabo tareas de manera co­m­ple­ta­me­n­te au­to­ma­ti­za­da. De esta forma, por ejemplo, simples objetos pueden co­mu­ni­car­se entre sí en cualquier momento y lugar, sin necesidad de la in­te­r­ve­n­ción humana. Dotados de pro­ce­sa­do­res y sensores y co­ne­c­ta­dos gracias a la te­c­no­lo­gía de red, estos di­s­po­si­ti­vos pueden recopilar in­fo­r­ma­ción de su entorno, ana­li­zar­la y enviarla a otros objetos co­ne­c­ta­dos a Internet.

Por lo tanto, cuando se habla del Internet de las cosas no solo hay que pensar en ele­c­tro­do­mé­s­ti­cos de alta te­c­no­lo­gía o en coches autónomos, pues el abanico posible de apli­ca­cio­nes es muchísimo más amplio. Imagina: prendas de ropa y relojes para hacer deporte capaces de su­pe­r­vi­sar el estado de salud del usuario y de enviar los valores obtenidos di­re­c­ta­me­n­te a la consulta médica para su eva­lua­ción. En el área de la agri­cu­l­tu­ra, los re­su­l­ta­dos de los sensores de la humedad del agua y los re­que­ri­mie­n­tos de nu­trie­n­tes de las plantas cu­l­ti­va­das podrían al­ma­ce­nar­se en la nube. Y esto son solo dos ejemplos de las numerosas opciones que presenta el IoT.

¿Qué es el Internet de las cosas?

El Internet de las cosas está di­re­c­ta­me­n­te re­la­cio­na­do con una serie de avances te­c­no­ló­gi­cos, así como con conceptos como el de co­mpu­tación ubicua y el de in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial (IA). La po­si­bi­li­dad de tra­n­s­fo­r­mar objetos co­ti­dia­nos en di­s­po­si­ti­vos ele­c­tró­ni­cos es su ca­ra­c­te­rí­s­ti­ca fu­n­da­me­n­tal: se pueden ide­n­ti­fi­car a través de una dirección IP, a través de los sensores detectan estados y tienen capacidad de al­ma­ce­na­mie­n­to gracias a chips in­co­r­po­ra­dos. Además, los mi­nio­r­de­na­do­res in­te­gra­dos permiten un manejo autónomo, reac­cio­nan al entorno e in­te­r­ca­m­bian datos, lo que, junto con el apre­n­di­za­je au­to­má­ti­co convierte a estos objetos en di­s­po­si­ti­vos capaces de reconocer y uni­ve­r­sa­li­zar patrones y deducir una serie de co­n­clu­sio­nes para adaptarse a nuevas si­tua­cio­nes e ir op­ti­mi­zá­n­do­se poco a poco. La apli­ca­ción de una te­c­no­lo­gía de ra­dio­fre­cue­n­cia como RFID o Bluetooth basta para tra­n­s­fo­r­mar objetos físicos en un sistema tra­n­s­mi­sor-receptor. Con ayuda de una te­c­no­lo­gía de co­mu­ni­ca­ción más compleja como 4G, los di­s­po­si­ti­vos pueden tra­n­s­fe­rir grandes ca­n­ti­da­des de datos a una nube o a otro di­s­po­si­ti­vo IoT a gran distancia y de forma in­i­n­te­rru­m­pi­da.

El Internet de las cosas hace uso de di­fe­re­n­tes te­c­no­lo­gías y, aunque no haya una de­fi­ni­ción unificada del término, por norma general se le atribuyen las si­guie­n­tes ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas:

  • Re­co­pi­la­ción, al­ma­ce­na­mie­n­to y pro­ce­sa­mie­n­to de datos, como hace, por ejemplo, el te­r­mo­s­ta­to que mide au­to­má­ti­ca­me­n­te la te­m­pe­ra­tu­ra de una ha­bi­ta­ción.
  • Co­mu­ni­ca­ción con otros objetos, ya sea de forma directa o en la nube.
  • In­te­r­co­ne­xión, por ejemplo, conexión Bluetooth a Internet.
  • Ubicuidad, pues los di­s­po­si­ti­vos co­ne­c­ta­dos pueden usarse casi en cualquier parte.
  • Au­to­ma­ti­za­ción, pues los di­s­po­si­ti­vos contestan con una de­te­r­mi­na­da respuesta a un escenario o acción concretos, sin in­te­r­ve­n­ción alguna del usuario. Por ejemplo, unos fuegos de cocina elé­c­tri­cos se pausan au­to­má­ti­ca­me­n­te cuando la comida ha alcanzado la te­m­pe­ra­tu­ra pro­gra­ma­da.
  • Capacidad de apre­n­di­za­je: una lámpara conectada a Internet podría analizar la in­te­n­si­dad de la luz para luego ajustarla de forma au­to­má­ti­ca en si­guie­n­tes ocasiones.

¿Qué te­c­no­lo­gía sustenta el Internet of Things?

Para co­m­pre­n­der el principio que se esconde tras el Internet de las cosas, hay que conocer sus fu­n­da­me­n­tos te­c­no­ló­gi­cos. En teoría, en la ac­tua­li­dad ya se está usando el IoT en di­fe­re­n­tes campos gracias a las TIC, tanto las más recientes como las que tienen una tradición más larga. Pero para que realmente se pueda es­ta­ble­cer una cobertura plena, esta te­c­no­lo­gía tiene que evo­lu­cio­nar todavía más.

De hecho, aún hay que salvar algunos ob­s­tácu­los para in­te­r­co­ne­c­tar todos los di­s­po­si­ti­vos, enviar y procesar los datos rá­pi­da­me­n­te sin in­te­r­fe­re­n­cias y poder so­lu­cio­nar el problema del big data: el Internet de las cosas exige una conexión a Internet móvil muy potente capaz de gestionar el inmenso volumen de datos pro­ce­de­n­te de la gran cantidad de di­s­po­si­ti­vos máquinas co­ne­c­ta­dos a la Red global.

Por todo ello, muchos de­sa­rro­lla­do­res han puesto toda su esperanza en la nueva ge­ne­ra­ción de telefonía móvil 5G, que supera con creces a los es­tá­n­da­res an­te­rio­res en lo que a volumen de datos por segundo se refiere. Según la Unión Europea, en 2025 todas las grandes ciudades y ca­rre­te­ras pri­n­ci­pa­les de todos los países miembros de la UE deben disponer de 5G. En un primer plan se pensó poner de límite el 2020, pero los expertos co­n­si­de­ran mucho más realista esperar cinco años más. In­de­pe­n­die­n­te­me­n­te del año en el que fi­na­l­me­n­te se es­ta­ble­z­ca, lo cierto es que la te­c­no­lo­gía 5G es prá­c­ti­ca­me­n­te una realidad.

Para ide­n­ti­fi­car objetos, recopilar in­fo­r­ma­ción sobre las co­n­di­cio­nes físicas y alimentar la red, basta con medios sencillos como los sistemas RFID o códigos QR. De hecho, esta te­c­no­lo­gía ya se aplica en el se­gui­mie­n­to de paquetes de pro­vee­do­res de servicios lo­gí­s­ti­cos y en la gestión de me­r­ca­n­cías.

Si se trata, sin embargo, de evaluar datos complejos de forma au­to­má­ti­ca y con un manejo autónomo, los di­s­po­si­ti­vos deben disponer de una te­c­no­lo­gía más compleja. Si se aplica el principio M2M (machine to machine), que hace re­fe­re­n­cia al sistema tra­n­s­mi­sor-receptor que permite el in­te­r­ca­m­bio de in­fo­r­ma­ción au­to­ma­ti­za­do entre di­s­po­si­ti­vos de forma remota, hay que disponer de una serie de co­m­po­ne­n­tes. Por ejemplo, para el ma­n­te­ni­mie­n­to remoto de un vehículo de picking de un proveedor de servicios de logística se ne­ce­si­ta­ría:

  • Máquina o punto final de datos: el vehículo de picking autónomo dotado de sensores de mo­vi­mie­n­to manda señales GPS.
  • Red de co­mu­ni­ca­ción: redes in­alá­m­bri­cas como UMTS, HSPA, LTE, 5G.
  • Servidor, punto de in­te­gra­ción de datos: el servidor de una empresa de logística in­te­r­pre­ta los pa­rá­me­tros técnicos que envía el vehículo de picking.
  • Di­s­po­si­ti­vo M2M: por ejemplo, una API (interfaz de pro­gra­ma­ción de apli­ca­cio­nes) que ayuda al servidor a evaluar los re­su­l­ta­dos y activar acciones.

Los si­guie­n­tes elementos pe­r­te­ne­cen a la ar­qui­te­c­tu­ra técnica del Internet de las cosas:

  • Sensores: los objetos de la vida cotidiana dotados con sensores pueden recopilar in­fo­r­ma­ción sobre una serie de co­n­di­cio­nes físicas o químicas y miden, entre otros, la te­m­pe­ra­tu­ra, la presión, la lu­mi­no­si­dad, la humedad, el pH o el mo­vi­mie­n­to. Los re­su­l­ta­dos se tra­n­s­fo­r­man en señales elé­c­tri­cas para que puedan ser pro­ce­sa­dos por sistemas digitales. Gracias a ello es posible adaptar el brillo de la pantalla de un sma­r­t­pho­ne en función de la in­te­n­si­dad lumínica del entorno captada por un sensor.
     
  • RFID (Radio Frequency Ide­n­ti­fi­ca­tion): esta te­c­no­lo­gía permite la ide­n­ti­fi­ca­ción de un objeto de forma remota mediante ondas ele­c­tro­ma­g­né­ti­cas (tiene un alcance de hasta 100 metros). Al objeto se le adhiere una etiqueta RDIF con un código único para que un in­s­tru­me­n­to de medición sea capaz de ide­n­ti­fi­car­lo y lo­ca­li­zar­lo. Las empresas de logística recurren a los sistemas RFID para facilitar la lo­ca­li­za­ción de un co­n­te­ne­dor a la hora de em­ba­r­car­lo.
     
  • Te­c­no­lo­gías de lo­ca­li­za­ción: GPS, WLAN y Bluetooth alcanzan di­s­ta­n­cias mayores y son capaces de comunicar más in­fo­r­ma­ción. Así, si se recurre al sistema de lo­ca­li­za­ción del sma­r­t­pho­ne para encontrar un re­s­tau­ra­n­te en los al­re­de­do­res, este podrá mostrar, por ejemplo, aquel que se encuentre más cerca.
     
  • Redes in­alá­m­bri­cas: para utilizar el IoT a gran alcance es necesario algo más que los sistemas de co­mu­ni­ca­ción de corto alcance o las rutas de tra­n­s­mi­sión cortas de WLAN. Las te­c­no­lo­gías de tra­n­s­mi­sión pre­po­n­de­ra­n­tes se basan en los es­tá­n­da­res 3G y 4G de la telefonía móvil, no obstante, siguen pre­se­n­ta­n­do cierto retardo. Por tanto, para poder trabajar con un mayor volumen de datos y permitir que la tra­n­s­mi­sión se produzca en tiempo real se requiere una nueva ge­ne­ra­ción. De hecho, en el futuro se promueve el uso de los si­guie­n­tes es­tá­n­da­res:
    • Estándar de telefonía móvil 5G. La quinta ge­ne­ra­ción de los es­tá­n­da­res de telefonía móvil supone un gran salto, pues promete 10 000 MB por segundo, siendo así cien veces más rápida que el estándar LTE y superando a este mil veces en lo que a capacidad se refiere. De hecho, con 5G casi todas las apli­ca­cio­nes pueden funcionar en tiempo real, co­n­vi­r­tié­n­do­se en el requisito que puede hacer realidad la co­n­du­c­ción au­to­ma­ti­za­da en las ciudades in­te­li­ge­n­tes. Con el estándar se pueden cargar incluso los grandes paquetes de datos de las películas en Full HD casi de forma inmediata.
       
    • La te­c­no­lo­gía NB-IoT (Na­rro­w­Ba­nd-IoT) es toda una in­no­va­ción. Aunque solo transmite pequeñas ca­n­ti­da­des de datos, se distingue por otras ventajas: gracias a una elevada in­te­n­si­dad de señal alcanza lugares de difícil acceso como un receptor su­b­te­rrá­neo u objetos situados en co­n­s­tru­c­cio­nes de muros gruesos. Esta te­c­no­lo­gía es ex­tre­ma­da­me­n­te eficiente desde el punto de vista ene­r­gé­ti­co y funciona durante un largo periodo de tiempo. Por ejemplo, esta te­c­no­lo­gía pe­r­mi­ti­ría mantener calderas en sótanos sin ali­me­n­ta­ción externa o controlar la ilu­mi­na­ción de las calles de forma remota.
       
  • Nube: para la in­frae­s­tru­c­tu­ra de un Internet de las cosas de gran alcance, una red virtual de pro­ce­sa­mie­n­to y al­ma­ce­na­mie­n­to de datos también resulta esencial. La nube permite almacenar de forma segura la in­fo­r­ma­ción de los di­s­po­si­ti­vos de IoT y al mismo tiempo aumentar su capacidad de al­ma­ce­na­mie­n­to.
  • Sistema embebido (embedded computing): los mi­cro­pro­ce­sa­do­res y otros sistemas co­mpu­tacio­na­les reducidos solo funcionan cuando in­ter­ac­túan con otros di­s­po­si­ti­vos. Para su fu­n­cio­na­mie­n­to no hay grandes re­que­ri­mie­n­tos de software o hardware y son muy útiles para la creación de sistemas autónomos en objetos de lo más comunes.

¿Cuál es el objetivo del IoT?

La pe­r­s­pe­c­ti­va de un día a día mucho más co­n­fo­r­ta­ble, de una economía y una ad­mi­ni­s­tra­ción más efi­cie­n­tes, de una mayor seguridad vial, de un aba­s­te­ci­mie­n­to de energía ecológico y de una vida más saludable impulsan, sin duda, el de­sa­rro­llo de un Internet of Things que facilite todos los ámbitos de nuestra vida: cafeteras au­to­má­ti­cas, una pro­du­c­ción in­du­s­trial que reacciona rá­pi­da­me­n­te a la demanda, coches autónomos y relojes capaces de detectar y comunicar enseguida algún deterioro de la salud. Con la in­fo­r­ma­ción re­co­pi­la­da por los di­fe­re­n­tes objetos in­te­r­co­ne­c­ta­dos, las ac­ti­vi­da­des pueden pla­ni­fi­car­se mucho mejor y, en conexión con sistemas de IA, los di­s­po­si­ti­vos de IoT funcionan de forma más rápida y eficiente que las personas.

En el sector sanitario, con el Internet de las cosas se au­me­n­ta­ría la in­fo­r­ma­ción re­co­pi­la­da de cada paciente, pe­r­mi­tie­n­do realizar dia­g­nó­s­ti­cos exactos y controlar el estado de salud de cada individuo co­n­ti­nua­me­n­te, de­s­ca­r­ta­n­do visitas in­ne­ce­sa­rias a la consulta médica.

Los di­s­po­si­ti­vos del IoT, au­to­di­da­c­tas y su­me­r­gi­dos en un continuo in­te­r­ca­m­bio de in­fo­r­ma­ción, son también capaces de prever riesgos, de en­cau­zar­los y de optimizar procesos sin necesidad de in­te­r­ve­n­ción humana. Las máquinas que se mantienen a sí mismas o pla­ni­fi­can en una fábrica los procesos de pro­du­c­ción en tiempo real no solo di­s­mi­nu­yen costes sino también tiempo. Los sistemas de ca­le­fa­c­ción o sensores au­to­rre­gu­la­dos en­ca­r­ga­dos de detectar la necesidad de agua y fe­r­ti­li­za­n­tes en las prácticas agrícolas ga­ra­n­ti­zan, además, un uso re­s­po­n­sa­ble y eficiente de los recursos.

El de­sa­rro­llo de una in­frae­s­tru­c­tu­ra digital pe­r­mi­ti­ría en un futuro la creación de un sistema so­fi­s­ti­ca­do y amplio, capaz de au­to­rre­gu­lar­se y que abarcase todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Hecho

El Internet de las cosas está creciendo a pasos agi­ga­n­ta­dos. La empresa co­n­su­l­to­ra y de in­ve­s­ti­ga­ción de las te­c­no­lo­gías de la in­fo­r­ma­ción Gartner aseguró que para el año 2020 habrá un total de 20 400 millones de di­s­po­si­ti­vos de IoT.

Ciudades y objetos in­te­li­ge­n­tes: ¿cómo afecta el IoT a nuestro día a día?

La re­vo­lu­ción de nuestra co­ti­dia­nei­dad gracias al Internet de las cosas está aún por llegar y, por lo tanto, solo se pueden hacer hipótesis sobre cómo afectará esta te­c­no­lo­gía a nuestra vida, más aún si se tiene en cuenta que son pocos los que viven en una casa in­te­li­ge­n­te o usan objetos wearables (objetos dotados de esta te­c­no­lo­gía que se pueden vestir). Por otro lado, hay otras in­no­va­cio­nes que poco a poco sí se van in­co­r­po­ra­n­do como son los cajeros au­to­ma­ti­za­dos, las cámaras de vi­gi­la­n­cia in­te­li­ge­n­tes y las fábricas con un fu­n­cio­na­mie­n­to autónomo. Sin embargo, estos avances quedan en un segundo plano, pues no afectan de forma tan visible a nuestra rutina. La in­te­gra­ción absoluta del IoT supondría estar co­n­ti­nua­me­n­te rodeados de sistemas in­fo­r­má­ti­cos que recogen e in­te­r­ca­m­bian datos en Internet. Si se recurre a estos objetos dentro del propio hogar, se cuelan por completo en la esfera privada.

Vivir en una casa in­te­li­ge­n­te trae consigo numerosas ventajas: gracias a los datos re­co­pi­la­dos sobre los di­fe­re­n­tes moradores y sus ac­ti­vi­da­des, se puede reac­cio­nar por an­ti­ci­pa­do y facilitar de­te­r­mi­na­das ac­ti­vi­da­des co­ti­dia­nas. Los aparatos ele­c­tro­do­mé­s­ti­cos se au­to­rre­gu­lan y así ga­ra­n­ti­zan una mayor seguridad: fuegos de cocina que se apagan au­to­má­ti­ca­me­n­te o puertas de viviendas que se bloquean solas.

Muchos de los di­s­po­si­ti­vos co­ne­c­ta­dos a la Red responden a un patrón de co­m­po­r­ta­mie­n­to: un reloj de pulsera in­te­li­ge­n­te encargado de estimular un estilo de vida saludable avisa al usuario cada vez que detecta un aumento del se­de­n­ta­ri­s­mo. Sin embargo, las ne­ce­si­da­des humanas solo son pre­de­ci­bles hasta cierto punto, sin olvidar una pregunta clave que suele acompañar al uso de esta te­c­no­lo­gía: ¿y si la te­c­no­lo­gía co­n­tro­la­se de forma creciente nuestro estilo de vida? Ima­gi­ne­mos que empiezan a surgir ase­gu­ra­do­ras que cobran una u otra tarifa teniendo en cuenta la in­fo­r­ma­ción recogida sobre la actividad física realizada por un cliente. ¿Sería ético? No solo los expertos en este campo tratan de encontrar una respuesta, también los pro­fe­sio­na­les de TI discuten sobre las de­s­ve­n­ta­jas que puede traer consigo la apli­ca­ción del IoT.

Una cosa sin duda está clara: los di­s­po­si­ti­vos para uso doméstico ya di­s­po­ni­bles son bastante prácticos. Un ejemplo de ello es el te­r­mo­s­ta­to in­te­li­ge­n­te de Nest, empresa adquirida por Google, capaz de detectar la te­m­pe­ra­tu­ra habitual de la ca­le­fa­c­ción en un lugar, para más tarde regularla au­tó­no­ma­me­n­te. Un detector de mo­vi­mie­n­to registra si los ha­bi­ta­n­tes se en­cue­n­tran en casa y apaga la ca­le­fa­c­ción en su ausencia. Esto reduce los costes de ca­le­fa­c­ción, ahorra recursos ene­r­gé­ti­cos y aumenta el confort. Si los ha­bi­ta­n­tes deciden volver a casa antes de lo habitual, pueden en­ce­n­de­r­la antes de llegar.

Algunas in­no­va­cio­nes probadas en de­te­r­mi­na­das ciudades son una muestra de lo que el IoT permitirá llevar a cabo en el sector público en un futuro. En una escala global, el Internet de las cosas podría hacer mucho más eficiente el tra­n­s­po­r­te, el tráfico, la recogida de basura, etc., aunque para ello sería necesario crear una in­frae­s­tru­c­tu­ra completa de farolas, co­n­te­ne­do­res, semáforos y fachadas de edificios in­te­r­co­ne­c­ta­dos que captaran la in­fo­r­ma­ción a través de sensores.

Santander es un ejemplo de ciudad in­te­li­ge­n­te. Las estrechas calles del centro cuentan con miles de sensores para medir el volumen de tráfico y mediante una app se avisa a los co­n­du­c­to­res de las rutas más co­n­cu­rri­das así como de las plazas de apa­r­ca­mie­n­to di­s­po­ni­bles. Ámsterdam, por su parte, dispone de farolas in­te­li­ge­n­tes que regulan la in­te­n­si­dad de la luz pro­ye­c­ta­da, de modo que cuando no hay peatones ni coches cerca se apagan, lo que reduce la co­n­ta­mi­na­ción lumínica y ahorra energía.

La base de una cuarta re­vo­lu­ción in­du­s­trial

El IoT se puede co­n­si­de­rar el motor de una cuarta re­vo­lu­ción in­du­s­trial. No cabe duda de que las fábricas in­te­li­ge­n­tes, en cuyas in­s­ta­la­cio­nes se organizan los procesos de pro­du­c­ción de forma autónoma, pe­r­te­ne­cen a una nueva época. En ellas se acelera la pro­du­c­ción, se in­cre­me­n­ta la efi­cie­n­cia y se reducen los costes gracias, por ejemplo, a que los ma­te­ria­les están provistos de chips RFID que indican qué máquina es re­s­po­n­sa­ble del siguiente proceso y a sensores que sirven a las máquinas para notificar si­tua­cio­nes críticas, además de otros sistemas para comunicar las ne­ce­si­da­des de re­pa­ra­ción o de material.

Opo­r­tu­ni­da­des y peligros de la industria 4.0 y el marketing digital

El Internet de las cosas sirve para optimizar las di­fe­re­n­tes etapas en un proceso de pro­du­c­ción así como todos los servicios im­pli­ca­dos: desde el de­sa­rro­llo del producto, pasando por la co­me­r­cia­li­za­ción, hasta su entrega y posterior reciclaje. Además, con un conjunto de máquinas in­te­r­co­ne­c­ta­das y co­m­ple­ta­me­n­te autónomas es más fácil adaptarse a los deseos in­di­vi­dua­les de cada cliente. De este modo la fa­bri­ca­ción de productos pe­r­so­na­li­za­dos no siempre requiere la su­pe­r­vi­sión de una persona o el re­aco­n­di­cio­na­mie­n­to de las in­s­ta­la­cio­nes, incluso si se trata de un reducido número de piezas. De hecho, este es el modo usado por Adidas para crear zapatos pe­r­so­na­li­za­dos.

El IoT ofrece un gran potencial también en el mundo del marketing. El comercio minorista, por ejemplo, se dirige a un de­te­r­mi­na­do co­n­su­mi­dor en un área concreta. Por ello, con los conocidos como iBeacons se puede mejorar su es­tra­te­gia de pu­bli­ci­dad al enviar señales a los sma­r­t­pho­nes de los clientes con una oferta concreta. Otro ejemplo in­te­re­sa­n­te es el de las máquinas in­te­li­ge­n­tes ex­pe­n­de­do­ras de bebidas. Estas son capaces de comunicar la falta de in­ve­n­ta­rio y los posibles fallos, en caso de que tengan lugar, así como detectar las te­m­pe­ra­tu­ras ve­ra­nie­gas para adaptar los precios ante la mayor demanda prevista.

Pero lejos de ser solo una invención, existen apli­ca­cio­nes reales de IoT en marketing. La marca de whisky Johnnie Walker ha creado botellas in­te­li­ge­n­tes que se comunican con el móvil del comprador gracias a la te­c­no­lo­gía NFC. Los sensores adheridos a la etiqueta de la botella envían in­fo­r­ma­ción a la empresa sobre la cadena de su­mi­ni­s­tro y el customer journey completo: los sensores registran si la botella ha sido abierta o permanece cerrada y, de­pe­n­die­n­do de esta in­fo­r­ma­ción, el comprador recibe in­fo­r­ma­ción o consejos para un consumo más pla­ce­n­te­ro. De cara al cliente, todo ello supone un incentivo de compra y mejora la ex­pe­rie­n­cia del producto y, al mismo tiempo, la empresa obtiene in­fo­r­ma­ción sobre el ciclo de vida del producto y puede enviar al usuario pu­bli­ci­dad pe­r­so­na­li­za­da.

El impacto del Internet de las cosas en la economía también es enorme. Según un estudio de la co­n­su­l­to­ra McKinsey, en el año 2025 el Internet of Things habrá generado en torno a los 11,1 billones de dólares.

No obstante, la industria 4.0 debe hacer frente a una serie de amenazas al mismo tiempo: una red muy amplia ofrece a los hackers numerosos puntos de acceso, lo que aumenta el riesgo de vu­l­ne­ra­cio­nes en la pro­te­c­ción de datos y el espionaje in­du­s­trial. Además, si se delegan los procesos in­du­s­tria­les en máquinas, estas te­r­mi­na­rán su­s­ti­tu­ye­n­do la mano de obra de las personas no solo en aquellas ac­ti­vi­da­des monótonas o pe­li­gro­sas, sino también en muchos otros ámbitos que generan puestos de trabajo.

Los expertos no se ponen de acuerdo en de­te­r­mi­nar en qué ámbitos y hasta qué punto el IoT va a afectar a la ocupación pro­fe­sio­nal. Por un lado, con la di­gi­ta­li­za­ción se han creado nuevos ámbitos laborales y en muchos ámbitos los di­s­po­si­ti­vos in­te­li­ge­n­tes se li­mi­ta­rían a asistir a los empleados. Por otroe, algunos eco­no­mi­s­tas predicen que la industria 4.0 va a ir aco­m­pa­ña­da de una ra­cio­na­li­za­ción de los puestos de trabajo. El in­ve­s­ti­ga­dor Andrew McAfee, del pre­s­ti­gio­so Institute of Te­ch­no­lo­gy (MIT) de Ma­s­sa­chu­se­tts, parte de la base de que a mediados el siglo XXI se dispondrá de la mitad de los puestos de trabajo ahora exi­s­te­n­tes. Un estudio de la Uni­ve­r­si­dad de Oxford llega a una co­n­clu­sión muy similar.

Apli­ca­ción del IoT en la atención sanitaria

El Internet de las cosas también va a re­vo­lu­cio­nar el ámbito sanitario. Los wearables, una de las opciones di­s­po­ni­bles para usar el IoT en medicina pre­ve­n­ti­va, miden im­po­r­ta­n­tes pa­rá­me­tros, como el ritmo cardíaco o el índice glucémico, ayudando a los pacientes que sufren en­fe­r­me­da­des cardíacas o diabetes. Además de co­n­tri­buir en los procesos dia­g­nó­s­ti­cos, los di­s­po­si­ti­vos IoT mejoran también la asi­s­te­n­cia médica ho­s­pi­ta­la­ria y am­bu­la­to­ria.

Pre­ve­n­ción sanitaria y dia­g­nó­s­ti­co

Hay di­s­po­si­ti­vos de IoT que se utilizan en el ámbito de la pre­ve­n­ción sanitaria para medir la te­m­pe­ra­tu­ra corporal, analizar la fre­cue­n­cia re­s­pi­ra­to­ria, evaluar la co­m­po­si­ción química del sudor y registrar ele­c­tro­ca­r­dio­gra­mas, ac­ti­vi­da­des que, en teoría, se pueden llevar a cabo cada hora. Se trata, por tanto, de un chequeo pre­ve­n­ti­vo continuo gracias a los sensores di­s­pue­s­tos en di­s­po­si­ti­vos ponibles, en cepillos de dientes in­te­li­ge­n­tes o en el sma­r­t­pho­ne. Son los enfermos crónicos los que más se pueden be­ne­fi­ciar del control regular de de­te­r­mi­na­das funciones co­r­po­ra­les. Llegado el caso, estos di­s­po­si­ti­vos pueden incluso salvarles la vida. Además, su uso pe­r­mi­ti­ría un dia­g­nó­s­ti­co precoz de en­fe­r­me­da­des in­si­dio­sas que al haber sido de­te­c­ta­das a tiempo pueden ser tratadas de forma más efectiva. De igual forma, se evitarían las visitas in­ne­ce­sa­rias a la consulta médica y se de­s­co­n­ge­s­tio­na­rían las salas de urgencia, pues el sujeto sabría di­s­ti­n­guir los “síntomas” ino­fe­n­si­vos de los realmente im­po­r­ta­n­tes.

Los di­s­po­si­ti­vos de IoT también son buenos en­tre­na­do­res, pues miden los pasos y el consumo de calorías de sus usuarios y previenen de este modo el sobrepeso y el se­de­n­ta­ri­s­mo. Estos aparatos co­ne­c­ta­dos a la Red “apelan” a la re­s­po­n­sa­bi­li­dad propia y fomentan un estilo de vida sano. A largo plazo es un método muy rentable, beneficia al sistema sanitario y permite, por ejemplo, invertir el dinero que se ha ahorrado en tra­ta­mie­n­tos para la in­ve­s­ti­ga­ción.

Ya sea por un interés privado o con un propósito en el ámbito de la in­ve­s­ti­ga­ción, está claro que con el Internet de las cosas se pueden recopilar y evaluar durante un largo periodo de tiempo gran cantidad de datos re­le­va­n­tes desde el punto de vista médico. Además, como se ha me­n­cio­na­do, el proceso de dia­g­nó­s­ti­co de en­fe­r­me­da­des sería mucho más efectivo con estos di­s­po­si­ti­vos. Claro está que para ello se haría necesario recopilar de forma anónima los datos obtenidos por los wearables para ser ana­li­za­dos fuera del contexto digital.

Los aparatos médicos dotados de in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial co­n­tri­bu­yen, asimismo, a realizar un dia­g­nó­s­ti­co mucho más exacto de forma más rápida y efectiva que las propias personas. De­pe­n­die­n­do de los síntomas del paciente, el di­s­po­si­ti­vo puede comprobar en cuestión de segundos todas las en­fe­r­me­da­des posibles. Con un ex­pe­die­n­te clínico ele­c­tró­ni­co se pueden incluir el historial del paciente y los re­su­l­ta­dos de ana­lí­ti­cas an­te­rio­res para co­m­pa­rar­los con patrones es­ta­dí­s­ti­cos de pacientes con la misma edad y el sexo.

Asi­s­te­n­cia médica ho­s­pi­ta­la­ria y am­bu­la­to­ria

Siempre se está mejor en casa que en el hospital. Con el IoT es posible reducir las estancias ho­s­pi­ta­la­rias, pues en de­te­r­mi­na­dos casos esta te­c­no­lo­gía puede cuidar al paciente y su­pe­r­vi­sar su estado de salud sin que tenga que salir de casa. Tampoco los ancianos se alegran de abandonar su in­de­pe­n­de­n­cia para vivir en un ge­riá­tri­co, un incómodo cambio que puede evitarse gracias a la presencia en el mercado de di­s­po­si­ti­vos capaces de mandar una llamada de eme­r­ge­n­cia. Las caídas son uno de los grandes peligros a los que se enfrentan las personas mayores, ya que en muchas ocasiones son incapaces de pedir ayuda. No obstante, las moquetas dotadas de sensores para caídas avisan de forma au­to­má­ti­ca cuando tiene lugar este accidente doméstico. Otro de los usos en el sector sanitario y de atención médica son los do­si­fi­ca­do­res de me­di­ca­me­n­tos que controlan la ingesta de pastillas.

En las clínicas y ho­s­pi­ta­les, el Internet de las cosas se utiliza sobre todo para optimizar procesos, aumentar la seguridad –con do­si­fi­ca­do­res de me­di­ca­me­n­tos in­te­r­co­ne­c­ta­dos que evitan las co­n­fu­sio­nes– y mejorar la higiene con sensores que detectan cualquier impureza.

Peligros del IoT: los ci­ber­ata­ques y la pro­te­c­ción de datos

En el IoT no todo son bondades. Muchos expertos, de hecho, reconocen que el IoT pone en riesgo la esfera privada. Además no existe aún ninguna regla que proteja de forma efectiva a los datos sensibles de posibles abusos.

Sociedad or­we­llia­na: ¿distopía o realidad?

Los ele­c­tro­do­mé­s­ti­cos co­ne­c­ta­dos a la red, los coches autónomos y los relojes in­te­li­ge­n­tes van re­co­gie­n­do poco a poco in­fo­r­ma­ción de todos los ámbitos de la vida de las personas. No solo se trata de conocer las páginas web que un usuario visita, sino también in­fo­r­ma­ción que aún no ha sido evaluada a gran escala por ninguna te­c­no­lo­gía. En conjunto pueden crear el perfil exacto de una persona, siendo capaz de predecir co­m­po­r­ta­mie­n­tos, estados de salud, reac­cio­nes, etc.

Estas ci­r­cu­n­s­ta­n­cias obligan a los de­fe­n­so­res de la pro­te­c­ción de datos a avisar del peligro de la vi­gi­la­n­cia masiva. Incluso cuando los datos son anónimos y no pueden ide­n­ti­fi­car a usuarios in­di­vi­dua­les, sí permiten deducir el co­m­po­r­ta­mie­n­to y los hábitos de un de­te­r­mi­na­do grupo de población. Por todo ello, los de­fe­n­so­res de la pro­te­c­ción de datos temen que los estados en los cuales la ausencia de de­mo­cra­cia y derechos humanos son una realidad podrían acceder a estos datos, dando lugar a un sistema de vi­gi­la­n­cia de di­me­n­sio­nes or­we­llia­nas.

Por otra parte, las empresas recogen datos con un interés económico. De hecho, Apple, Amazon o Google ya compiten para liderar el mercado de di­s­po­si­ti­vos IoT. Con la ayuda de datos pe­r­so­na­li­za­dos las empresas ofrecen a sus clientes ofertas hechas a medida. No obstante, los usuarios solo pueden controlar hasta cierto punto los datos que los di­s­po­si­ti­vos IoT tra­n­s­mi­ten a los di­s­tri­bui­do­res o las empresas asociadas.

Solo las di­s­po­si­cio­nes legales podrían poner fin a la exhau­s­ti­va re­co­pi­la­ción de datos pe­r­so­na­les. Además, con la im­ple­me­n­ta­ción de la IA cada vez resulta más difícil a los usuarios co­m­pre­n­der y controlar el modo en el que las apli­ca­cio­nes TI recopilan, almacenan y gestionan sus datos, ha­cié­n­do­se muy co­m­pli­ca­da una co­n­fi­gu­ra­ción segura de los ajustes de seguridad, más si los usuarios recurren en su día a día a varios di­s­po­si­ti­vos de IoT. Apenas se dispone de co­no­ci­mie­n­to sobre qué datos se recopilan, qué pro­vee­do­res lo llevan a cabo y para qué fin.

Se advierte, además, de que está en peligro el derecho de au­to­de­te­r­mi­na­ción in­fo­r­ma­ti­va. La red GPEN (siglas de Global Privacy En­fo­r­ce­me­nt Network) ha in­ve­s­ti­ga­do re­cie­n­te­me­n­te, con la pa­r­ti­ci­pa­ción de au­to­ri­da­des re­gu­la­do­ras de todo el mundo, las co­n­di­cio­nes de pro­te­c­ción de datos de 300 di­s­po­si­ti­vos de IoT. El estudio mostró que en la mayoría de los casos los pro­vee­do­res no ex­pli­ca­ban de forma tra­n­s­pa­re­n­te a los usuarios cómo se iban a usar sus datos.

¿Cómo pro­te­ge­r­se de los ci­ber­ata­ques?

Los de­fe­n­so­res de la pro­te­c­ción de datos co­n­si­de­ran aún más preo­cu­pa­n­te que no se esté tra­ba­ja­n­do en ninguna solución que garantice la seguridad de los usuarios, lo que aumenta la po­si­bi­li­dad de ataques de hacker y robo de in­fo­r­ma­ción en el Internet de las cosas. Un estudio de la fundación y or­ga­ni­za­ción alemana de defensa del co­n­su­mi­dor Stiftung Warentest ha de­s­cu­bie­r­to que la mayoría de los di­s­po­si­ti­vos ana­li­za­dos mostraban im­po­r­ta­n­tes brechas de seguridad que daban acceso libre a los ci­be­r­de­li­n­cue­n­tes y tra­n­s­mi­tían los datos pe­r­so­na­les sin cifrar, de forma que el acceso a datos sensibles como fotos privadas, números de tarjetas de crédito o co­n­tra­se­ñas de las cuentas de correo es tarea fácil.

Al formar parte de una misma red, un número in­aba­r­ca­ble de di­s­po­si­ti­vos van in­te­r­ca­m­bia­n­do in­fo­r­ma­ción sin pausa, lo que hace accesible al IoT en muchos puntos ha­cié­n­do­lo, por lo tanto, propenso a ser ma­ni­pu­la­do. Si son varios los objetos re­la­cio­na­dos entre sí resulta más sencillo acceder a varios di­s­po­si­ti­vos desde una única interfaz. Los ci­be­r­de­li­n­cue­n­tes pueden acceder al control de la puerta de entrada y al sistema de alarmas de una casa in­te­li­ge­n­te a través de otros di­s­po­si­ti­vos, como los fuegos de la cocina. Y está de­mo­s­tra­do: una empresa de TI fue capaz de acceder a las co­n­tra­se­ñas de Google de un usuario hackeando su fri­go­rí­fi­co Samsung.

Además, los ci­be­r­de­li­n­cue­n­tes no se limitan a robar datos, sino que también son capaces de manejar el conjunto de di­s­po­si­ti­vos co­ne­c­ta­dos. Algunas in­ve­s­ti­ga­cio­nes así lo confirman, como, por ejemplo, la realizada al coche Jeep Cherokee de Fiat Chrysler. Tras haber accedido al control de la interfaz era posible manejar los frenos y el volante por control remoto.

Algunos expertos en seguridad advierten que en un mundo in­te­r­co­ne­c­ta­do sería prá­c­ti­ca­me­n­te imposible evitar este tipo de ma­ni­pu­la­ción sobre fábricas, empresas de su­mi­ni­s­tro de agua o centrales nucleares. La buena noticia es que poco a poco van a aumentar las voces que pidan una mayor pro­te­c­ción y van a ser tenidas en cuenta por los de­sa­rro­lla­do­res, lo que desem­bo­ca­rá en algunos cambios. De hecho, por ejemplo, se está tra­ba­ja­n­do en de­sa­rro­llar una app de router que tenga control sobre los di­s­po­si­ti­vos do­mé­s­ti­cos in­te­r­co­ne­c­ta­dos y detecte el tráfico irregular.

Vu­l­ne­ra­bi­li­dad en el sistema

Los ci­ber­ata­ques dirigidos no son el único peligro de los di­s­po­si­ti­vos IoT, también los errores de pro­gra­ma­ción lo son. Los críticos del Internet de las cosas advierten del riesgo de confiar a ciegas en una te­c­no­lo­gía autónoma que en principio está libre de errores. Por un defecto in­fo­r­má­ti­co, un di­s­po­si­ti­vo puede pasar por alto un valor im­po­r­ta­n­te en un dia­g­nó­s­ti­co médico y, en co­n­se­cue­n­cia, ad­mi­ni­s­trar la me­di­ca­ción equi­vo­ca­da. Por otro lado, las ciudades in­te­li­ge­n­tes exigen una in­frae­s­tru­c­tu­ra compleja con miles de sensores y otros elementos. Para que este sistema no se ralentice es necesario el control humano.

IoT y la (ausencia de) neu­tra­li­dad de la red

¿Cómo afecta el IoT a la sociedad digital? Debido a la te­c­no­lo­gía tras el Internet of Things los debates también se centran en discutir la neu­tra­li­dad de la red, que dejaría de existir como tal, pues la apli­ca­ción de la telefonía móvil 5G prevé su se­g­me­n­ta­ción. Esta se­g­me­n­ta­ción, en inglés Network Slicing, se trata de la partición del Internet móvil en segmentos virtuales, cada uno de los cuales atiende a diversas apli­ca­cio­nes cuyos datos se tra­n­s­mi­ten a diferente velocidad, creando así una red 5G flexible que, por ejemplo, procese las apli­ca­cio­nes de voz de forma diferente a las de video.

Los de­fe­n­so­res de la se­g­me­n­ta­ción de la red ju­s­ti­fi­can la necesidad del pro­ce­di­mie­n­to para gestionar un aumento del volumen de datos y ga­ra­n­ti­zar la tra­n­s­mi­sión en tiempo real. Si todos los paquetes de datos se ge­s­tio­na­ran al mismo tiempo, no sería posible una reacción en tiempo real de las apli­ca­cio­nes con un gran volumen de datos. Y es que es co­m­pre­n­si­ble que un coche que necesita frenar de golpe debería tener una prioridad mayor que un re­co­r­da­to­rio de compra.

Los de­tra­c­to­res de la se­g­me­n­ta­ción de red, sin embargo, lo co­n­si­de­ran un ataque a la neu­tra­li­dad de red. Internet, tal como lo conocemos hasta ahora, dejaría de existir, pues se prio­ri­za­ría de­te­r­mi­na­das acciones. Además, habría que tener en cuenta que las empresas au­me­n­ta­rían los costes en función del grado de prio­ri­za­ción y por lo tanto los co­n­su­mi­do­res se podrían ver limitados. Sin olvidar que la se­g­me­n­ta­ción de la red pone en peligro la libre co­m­pe­te­n­cia en la economía digital, por ejemplo, dando pre­fe­re­n­cia a las empresas que pueden hacer frente fá­ci­l­me­n­te a costes más elevados que las empresas más nuevas.

Claro está que si los pro­gra­ma­do­res tienen en cuenta todas las voces ad­mo­ni­to­rias en el de­sa­rro­llo del Internet de las cosas, los aspectos positivos de esta nueva te­c­no­lo­gía en la vida cotidiana serían enormes.

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