Quienes no deseen o puedan crear un data center propio, pueden recurrir al cloud computing (co­mpu­tación en la nube en español). Se trata de un modelo que ofrece distintas ventajas atra­c­ti­vas tanto para pa­r­ti­cu­la­res como para empresas. Descubre qué es el cloud computing y las ventajas e in­co­n­ve­nie­n­tes que presenta.

¿Qué es el cloud computing?

Disponer de un data center propio lleva asociado cierta co­m­ple­ji­dad e implica una inversión económica co­n­si­de­ra­ble, ya que se requiere personal es­pe­cia­li­za­do. Además, no se puede escalar según se requiere, motivo por el cual a menudo se destinan más recursos de los ne­ce­sa­rios, lo que supone una de­s­ve­n­ta­ja en cuanto a efi­cie­n­cia.

Con el cloud computing, muchos de estos problemas des­apa­re­cen. En lugar de tener que adquirir, instalar y mantener un data center, las empresas y pa­r­ti­cu­la­res recurren a servicios web alojados por un único proveedor. De esta forma, los usuarios se be­ne­fi­cian tanto de la economía de escala como de la po­si­bi­li­dad de escalar sus recursos de manera rápida, fácil y dinámica. En la mayoría de los casos, esta forma de outsou­r­ci­ng funciona mediante un sistema de alquiler.

Con el cloud computing, no hay un límite es­ta­ble­ci­do de servicios ofrecidos. Puede incluir desde el simple al­ma­ce­na­mie­n­to en la nube, en el que los usuarios obtienen recursos de al­ma­ce­na­mie­n­to en se­r­vi­do­res remotos junto con el propio al­ma­ce­na­mie­n­to en disco, hasta la in­frae­s­tru­c­tu­ra en la nube, a través de la cual las empresas pueden obtener data centers completos por Internet.

De acuerdo con la pu­bli­ca­ción del National Institute of Standards and Te­ch­no­lo­gy (NIST), los servicios ofertados que se co­n­si­de­ran dentro del concepto de cloud computing deben cumplir con una serie de ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas:

  • Au­to­se­r­vi­cio a demanda: los usuarios han de poder acceder a los recursos que necesiten sin tener que ponerse en contacto con el proveedor.
  • Acceso amplio de red: el acceso al cloud computing se realiza a través de Internet y no requiere utilizar un protocolo es­pe­cí­fi­co o técnicas poco comunes. El uso de métodos es­ta­n­da­ri­za­dos se ocupa de que todos los usuarios tengan acceso al servicio sin problemas.
  • Pool de recursos: la co­m­bi­na­ción de di­fe­re­n­tes in­s­ta­n­cias de co­mpu­tación, que en la mayoría de los casos se trata de una granja de se­r­vi­do­res, es prá­c­ti­ca­me­n­te un requisito para la co­mpu­tación en la nube. Estos pools permiten que varios usuarios dispongan de la capacidad de al­ma­ce­na­mie­n­to o la potencia de cálculo requerida al mismo tiempo. Además, el cliente no tiene por qué saber el di­s­po­si­ti­vo que se usa para ello, ya que los recursos se van asignando de forma dinámica.
  • Ela­s­ti­ci­dad y es­ca­la­bi­li­dad: los recursos deben estar a di­s­po­si­ción de los usuarios con celeridad y de acuerdo con las ne­ce­si­da­des de cada uno. En el mejor de los casos hay au­to­ma­ti­s­mos activos que sirven para activar o des­ac­ti­var recursos sin in­te­r­ve­n­ción de clientes o empleados.
  • Servicio medible: el uso de los servicios en la nube se está mo­ni­to­ri­za­n­do en todo momento, lo que aporta tra­n­s­pa­re­n­cia tanto para el proveedor como para el usuario.

El cloud computing se basa bien en un centro de pro­ce­sa­mie­n­to de gran tamaño, bien en una granja de se­r­vi­do­res, donde los or­de­na­do­res o se­r­vi­do­res se conectan agrupando los recursos. Este tipo de co­mpu­tación en malla (grid computing) permite obtener un alto re­n­di­mie­n­to. Además, si se combina con la vi­r­tua­li­za­ción, se pueden crear in­s­ta­n­cias virtuales dentro de la red para los usuarios in­di­vi­dua­les, aunque estos no sepan el di­s­po­si­ti­vo en el que se en­cue­n­tran los datos. Y es que, aun no di­s­po­nie­n­do de esta in­fo­r­ma­ción, el acceso tiene lugar de forma rápida y sin problemas.

Variantes del cloud computing

Con el tiempo han ido apa­re­cie­n­do di­fe­re­n­tes ofertas en el mercado, las cuales se di­fe­re­n­cian pri­n­ci­pa­l­me­n­te en lo que se refiere al modelo de capas y a la forma de im­ple­me­n­ta­ción, si bien también difieren según los precios y servicios que soportan.

Modelo de capas

Cada capa se refiere a un modelo concreto del servicio: hay di­fe­re­n­tes tipos de capas “as a service” en función del alcance de la oferta, que se organizan en una es­tru­c­tu­ra piramidal: mientras que el modelo in­frae­s­tru­c­tu­ra como servicio tiene el alcance mayor, el software como servicio se focaliza en una apli­ca­ción es­pe­cí­fi­ca.

  • In­frae­s­tru­cu­tu­ra como servicio (IaaS, In­fra­s­tru­c­tu­re as a Service). En esta capa el proveedor ofrece so­lu­cio­nes de hardware completas: potencia de pro­ce­sa­mie­n­to, espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to y te­c­no­lo­gía de red, tra­tá­n­do­se de in­s­ta­n­cias co­m­ple­ta­me­n­te vi­r­tua­li­za­das di­s­tri­bui­das en el pool de recursos. IaaS sirve como base para el resto de capas, aunque también se ofrece como producto in­di­vi­dual.
  • Pla­ta­fo­r­ma como servicio (PaaS, Platform as a Service). Esta capa va un paso más allá y pone a di­s­po­si­ción del usuario no solo el hardware sino también un entorno completo. PaaS está pensada sobre todo para de­sa­rro­lla­do­res de software. El proveedor se encarga de pro­po­r­cio­nar un entorno de de­sa­rro­llo ya creado en la nube en un hardware alojado, por lo que los pro­gra­ma­do­res se ahorran la in­s­ta­la­ción y el ma­n­te­ni­mie­n­to del entorno.
  • Software as a Service (SaaS, Software as a Service). En la capa superior se ofrece a los usuarios un software completo en la nube, es por eso que SaaS está pensado sobre todo para el co­n­su­mi­dor medio, que no va a necesitar in­s­ta­la­ción ni ma­n­te­ni­mie­n­to y está seguro de que el re­n­di­mie­n­to del hardware basta para el fu­n­cio­na­mie­n­to del software. Para poder acceder al software, los usuarios utilizan bien el navegador web, bien un programa re­s­tri­n­gi­do que carga la parte principal en la nube.
  • Eve­r­y­thi­ng as a Service (XaaS). Junto a los tres modelos nombrados, van anu­n­ciá­n­do­se cada vez con más fre­cue­n­cia otros servicios, aunque se debe no­r­ma­l­me­n­te a motivos de marketing. Un XaaS sirve para designar cua­l­quie­ra de las capas an­te­rio­res, aunque también puede no tener nada que ver con el cloud computing. Es el caso de Humans as a Service (HuaaS), que describe un tipo de cro­w­d­sou­r­ci­ng.

Modelo de im­ple­me­n­ta­ción

Estos modelos describen el tipo de oferta: ¿se reservan las in­s­ta­n­cias para un único usuario o empresa o las comparte en un pool con otros usuarios?

  • Nube privada: el servidor lo usará un solo usuario. Una nube privada puede estar, aunque no obli­ga­to­ria­me­n­te, en una red interna (nube interna). Incluso con un proveedor de hosting con granjas de se­r­vi­do­res es posible recurrir a un hardware dedicado al que no tienen acceso el resto de usuarios del proveedor.
  • Nube co­mu­ni­ta­ria: una nube co­mu­ni­ta­ria funciona de forma similar a una nube privada, solo que este caso son varios clientes los que comparten una instancia de hardware dedicado. La co­m­bi­na­ción de usuarios no es casual, sino que pe­r­te­ne­cen al mismo ámbito de negocios o comparten los mismos intereses. Este tipo de nube se puede gestionar tanto de forma interna como externa y frente a la nube privada supone un ahorro de costes.
  • Public Cloud: este tipo de im­ple­me­n­ta­ción se co­rre­s­po­n­de con el verdadero ideal en el que se basa el concepto de la nube. El usuario usa, al igual que el resto de personas, la misma conexión al servidor y desconoce quién usa qué hardware, ni tampoco puede de­te­r­mi­nar­lo.
  • Nube híbrida: se trata de una fusión entre la nube pública y la privada. Es la empresa o el pa­r­ti­cu­lar el que decide qué parte de la operación tiene lugar en la nube privada (por ejemplo, aspectos im­po­r­ta­n­tes en la seguridad), y cuál le asigna la nube pública.

Ventajas y de­s­ve­n­ta­jas del cloud computing

El cloud computing ofrece numerosas ventajas, sobre todo a pequeñas y medianas empresas. La ad­qui­si­ción de una es­tru­c­tu­ra de TI propia que incluya se­r­vi­do­res es co­m­pli­ca­do, pues exige una im­po­r­ta­n­te inversión económica, además de un servicio de ma­n­te­ni­mie­n­to constante, lo que requiere un personal es­pe­cia­li­za­do. Asimismo, en el mejor de los casos, el data center crece con la empresa, aunque esto no significa que lo haga de acuerdo con los recursos re­que­ri­dos. En lugar de ello se va comprando hardware en ciclos pre­de­te­r­mi­na­dos, estimando la demanda en un futuro. Todo ello supone una ad­qui­si­ción de recursos mayor a la que necesita realmente.

Junto a la es­ca­la­bi­li­dad, el cloud computing ofrece otras ventajas. Además, las granjas de se­r­vi­do­res pro­fe­sio­na­les, como las uti­li­za­das por los pro­vee­do­res de cloud computing, suelen contar con una mejor pro­te­c­ción de la que se podría conseguir lo­ca­l­me­n­te, pues el personal de seguridad evita el acceso de terceros, los técnicos protegen los se­r­vi­do­res de ataques digitales y los expertos en pro­te­c­ción ga­ra­n­ti­zan que los datos no se dañen o se destruyan. A ello se añade que algunos pro­vee­do­res de cloud computing realizan copias de seguridad obli­ga­to­rias.

Pero estos sistemas también presentan in­co­n­ve­nie­n­tes, por lo que muchas empresas siguen reacias a im­pla­n­tar­los. Para algunas empresas, la falta de ada­p­ta­ción es uno de los motivos para rechazar su im­ple­me­n­ta­ción, pues se crea una de­pe­n­de­n­cia de las co­n­fi­gu­ra­cio­nes de los di­fe­re­n­tes pro­vee­do­res. Además de que, si el proveedor por algún motivo deja de ofrecer sus servicios, la empresa se encuentra ante un problema real. A todo esto hay que añadir la necesidad de contar con una conexión estable a Internet, pues de in­te­rru­m­pi­r­se con fre­cue­n­cia o ser muy lenta, el trabajo no es efectivo.

A pesar de todo, la pro­te­c­ción de datos es pro­ba­ble­me­n­te el tema que suscite una re­ti­ce­n­cia mayor: si bien es cierto que los datos están pro­te­gi­dos en el espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to, realizar una tra­n­s­mi­sión a través de Internet re­pre­se­n­ta siempre un riesgo. Otro de los problemas tiene que ver con la lo­ca­li­za­ción del data center. Si, por ejemplo, el data center se encuentra en EE. UU., las empresas están obligadas por ley a revelar los datos a las au­to­ri­da­des es­ta­dou­ni­de­n­ses si así se requiere. Dado que las empresas que usan la co­mpu­tación en la nube tratan a menudo con datos co­n­fi­de­n­cia­les de terceros, suelen ver con cierto es­ce­p­ti­ci­s­mo este tema.

Ventajas del cloud computing

  • Sin co­m­pro­mi­so de capital
  • So­lu­cio­nes es­ca­la­bles
  • No requiere personal es­pe­cia­li­za­do
  • Ma­n­te­ni­mie­n­to y la pro­te­c­ción de los centros de datos están ase­gu­ra­dos

De­s­ve­n­ta­jas del cloud computing

  • Requiere conexión a Internet rápida y estable
  • Co­n­si­de­ra­cio­nes ante las políticas de pro­te­c­ción de datos
  • De­pe­n­de­n­cia del proveedor
  • La tra­n­s­mi­sión conlleva riesgos de seguridad
  • Los precios reducidos conducen a menudo a recurrir a más recursos de los que se necesitan

Historia del cloud computing

Al contrario de lo que se pueda pensar, la in­te­r­co­ne­xión de te­r­mi­na­les con el fin de ofrecer un mayor espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to y potencia de cálculo a más usuarios no es un de­s­cu­bri­mie­n­to nuevo. Ya en los años 1950 la aparición de los mai­n­fra­mes marcaba el inicio de lo que hoy se conoce como cloud computing. Como mainframe se entendía a una co­mpu­tado­ra central a la que los usuarios podían co­ne­c­tar­se desde di­fe­re­n­tes te­r­mi­na­les dentro de una misma or­ga­ni­za­ción (ya fueran empresas o uni­ve­r­si­da­des), pe­r­mi­tié­n­do­les utilizar sus ca­pa­ci­da­des. Sin embargo, en sus inicios los usuarios tenían que compartir el tiempo, esto es, reservar un tiempo de co­mpu­tación durante el que se podía usar los servicios de mainframe.

En la décadas si­guie­n­tes se de­sa­rro­lló la vi­r­tua­li­za­ción , gracias a lo cual se podían utilizar in­s­ta­n­cias de cálculo ab­s­tra­c­tas, co­m­ple­ta­me­n­te virtuales. Con el de­s­cu­bri­mie­n­to de Internet todo el mundo empezó a tener acceso a estos entornos vi­r­tua­li­za­dos y fi­na­l­me­n­te su puesta en venta en los años noventa llevó a que estos modelos es­tu­vie­sen di­s­po­ni­bles para las grandes masas.

A partir de entonces la nube como concepto empezó a ganar po­pu­la­ri­dad, aunque realmente no fue hasta el nuevo milenio cuando las empresas y los pa­r­ti­cu­la­res empezaron a prestar atención a este tipo de te­c­no­lo­gía. Las primeras ofertas de cloud computing se trataban de servicios in­di­vi­dua­les, tales como espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to para el in­te­r­ca­m­bio de datos o las hojas de Google con las que varios usuarios pueden trabajar en un mismo documento de forma si­mu­l­tá­nea. Al mismo tiempo, Amazon empezó a poner a di­s­po­si­ción de los usuarios su amplia oferta de se­r­vi­do­res. La pla­ta­fo­r­ma Amazon Web Services (AWS) permite a otras empresas utilizar la in­frae­s­tru­c­tu­ra del gigante del eCommerce y ejecutar en ella los programas.

La co­mpu­tación en la nube es ahora parte del día a día de numerosas personas. La mayoría de teléfonos móviles y, más co­n­cre­ta­me­n­te, el Internet de las Cosas, está en contacto constante con la nube. Por ejemplo, cuando los usuarios hacen una foto, los móviles la suben di­re­c­ta­me­n­te a la nube de Google o Apple, de modo que se puede acceder a la imagen desde otros di­s­po­si­ti­vos.

Poner en marcha un centro de datos es complejo y costoso, además de requerir personal es­pe­cia­li­za­do tanto para la in­s­ta­la­ción como para el ma­n­te­ni­mie­n­to, sin contar con que no se puede escalar según las ne­ce­si­da­des puntuales. Al fin y al cabo, la empresa busca crecer y, para ello, la in­frae­s­tru­c­tu­ra de TI ha de ir siempre un paso por delante, motivo que lleva a disponer de más recursos de los que los empleados necesitan en un momento de­te­r­mi­na­do. Y es que para la mayoría de las empresas el buen fu­n­cio­na­mie­n­to de un centro de datos es esencial, pues si falla no se puede llevar a cabo el trabajo. Para evitar esta situación se prefiere invertir de más.

No obstante, el cloud computing, también conocido como in­fo­r­má­ti­ca en la nube o co­mpu­tación en la nube, ofrece un enfoque distinto: la empresa, en vez de crear, instalar y mantener toda una es­tru­c­tu­ra por sí misma, utiliza los servicios di­s­po­ni­bles en la Web, ya que en Internet se ofrecen di­fe­re­n­tes servicios de un centro de datos: potencia de cálculo (o potencia de pro­ce­sa­dor), espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to, bases de datos, entornos de software, etc. En la mayoría de los casos, este tipo de ex­te­r­na­li­za­ción se basa en un concepto de alquiler, lo que permite añadir servicios y ca­pa­ci­da­des cuando es necesario.

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Historia del cloud computing

Al contrario de lo que se pueda pensar, la in­te­r­co­ne­xión de te­r­mi­na­les con el fin de ofrecer un mayor espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to y potencia de cálculo a más usuarios no es un de­s­cu­bri­mie­n­to nuevo. Ya en los años 1950 la aparición de los mai­n­fra­mes marcaba el inicio de lo que hoy se conoce como cloud computing. Como mainframe se entendía a una co­mpu­tado­ra central a la que los usuarios podían co­ne­c­tar­se desde di­fe­re­n­tes te­r­mi­na­les dentro de una misma or­ga­ni­za­ción (ya fueran empresas o uni­ve­r­si­da­des), pe­r­mi­tié­n­do­les utilizar sus ca­pa­ci­da­des. Sin embargo, en sus inicios los usuarios tenían que compartir el tiempo, esto es, reservar un tiempo de co­mpu­tación durante el que se podía usar los servicios de mainframe.

En la décadas si­guie­n­tes se de­sa­rro­lló la vi­r­tua­li­za­ción, gracias a lo cual se podían utilizar in­s­ta­n­cias de cálculo ab­s­tra­c­tas, co­m­ple­ta­me­n­te virtuales. Con el de­s­cu­bri­mie­n­to de Internet todo el mundo empezó a tener acceso a estos entornos vi­r­tua­li­za­dos y fi­na­l­me­n­te su puesta en venta en los años noventa llevó a que estos modelos es­tu­vie­sen di­s­po­ni­bles para las grandes masas.

A partir de entonces la nube como concepto empezó a ganar po­pu­la­ri­dad, aunque realmente no fue hasta el nuevo milenio cuando las empresas y los pa­r­ti­cu­la­res empezaron a prestar atención a este tipo de te­c­no­lo­gía. Las primeras ofertas de cloud computing se trataban de servicios in­di­vi­dua­les, tales como espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to para el in­te­r­ca­m­bio de datos o las hojas de Google con las que varios usuarios pueden trabajar en un mismo documento de forma si­mu­l­tá­nea. Al mismo tiempo, Amazon empezó a poner a di­s­po­si­ción de los usuarios su amplia oferta de se­r­vi­do­res. La pla­ta­fo­r­ma Amazon Web Services (AWS) permite a otras empresas utilizar la in­frae­s­tru­c­tu­ra del gigante del eCommerce y ejecutar en ella los programas.

La co­mpu­tación en la nube es ahora parte del día a día de numerosas personas. La mayoría de teléfonos móviles y, más co­n­cre­ta­me­n­te, el Internet de las cosas, está en contacto constante con la nube. Por ejemplo, cuando los usuarios hacen una foto, los móviles la suben di­re­c­ta­me­n­te a la nube de Google o Apple, de modo que se puede acceder a la imagen desde otros di­s­po­si­ti­vos.

¿Qué es la co­mpu­tación en la nube?

La co­mpu­tación en la nube es un término genérico utilizado para describir la oferta de hardware y software de la que se puede disponer a través de Internet. No obstante, no establece hasta qué punto tiene lugar la pre­s­ta­ción de servicios, abarcando desde el al­ma­ce­na­mie­n­to en la nube, que permite a los usuarios ampliar el espacio del disco duro con la capacidad de al­ma­ce­na­mie­n­to ofrecida por se­r­vi­do­res remotos, hasta las in­frae­s­tru­c­tu­ras en la nube que permiten a la empresas disponer de centros de datos completos.

De­fi­ni­ción cloud storage

Cloud computing es el término genérico que describe el su­mi­ni­s­tro de so­lu­cio­nes hardware o software a través de Internet. Los usuarios pueden contratar la potencia de pro­ce­sa­mie­n­to, el espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to o los entornos de software que necesiten ya sea para ampliar o para sustituir la propia in­frae­s­tru­c­tu­ra.

De acuerdo con la pu­bli­ca­ción del National Institute of Standards and Te­ch­no­lo­gy (NIST), los servicios ofertados que se co­n­si­de­ran dentro del concepto de cloud computing deben cumplir con una serie de ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas:

  • Au­to­se­r­vi­cio a demanda: los usuarios han de poder acceder a los recursos que necesiten sin tener que ponerse en contacto con el proveedor.
  • Acceso amplio de red: el acceso al cloud computing se realiza a través de Internet y no requiere utilizar un protocolo es­pe­cí­fi­co o técnicas poco comunes. El uso de métodos es­ta­n­da­ri­za­dos se ocupa de que todos los usuarios tengan acceso al servicio sin problemas.
  • Pool de recursos: la co­m­bi­na­ción de di­fe­re­n­tes in­s­ta­n­cias de co­mpu­tación, que en la mayoría de los casos se trata de una granja de se­r­vi­do­res, es prá­c­ti­ca­me­n­te un requisito para la co­mpu­tación en la nube. Estos pools permiten que varios usuarios dispongan de la capacidad de al­ma­ce­na­mie­n­to o la potencia de cálculo requerida al mismo tiempo. Además, el cliente no tiene por qué saber el di­s­po­si­ti­vo que se usa para ello, ya que los recursos se van asignando de forma dinámica.
  • Ela­s­ti­ci­dad y es­ca­la­bi­li­dad: los recursos deben estar a di­s­po­si­ción de los usuarios con celeridad y de acuerdo a las ne­ce­si­da­des de cada uno. En el mejor de los casos hay au­to­ma­ti­s­mos activos que sirven para activar o des­ac­ti­var recursos sin in­te­r­ve­n­ción de clientes o empleados.
  • Servicio medible: el uso de los servicios en la nube se está mo­ni­to­ri­za­n­do en todo momento, lo que aporta tra­n­s­pa­re­n­cia tanto para el proveedor como para el usuario.

También se puede entender el cloud computing como un intento de permitir el acceso a la co­mpu­tación al mismo nivel que se disfruta de otros servicios de in­frae­s­tru­c­tu­ras, aplicando la siguiente lógica: la capacidad de co­mpu­tación procede de Internet del mismo modo que el agua sale del grifo y la ele­c­tri­ci­dad se obtiene a partir de los enchufes. Al igual que la mayor parte de las personas no saben cómo funciona una central eléctrica, con la co­mpu­tación en la nube tampoco necesitan conocer la co­m­po­si­ción de un ordenador. Es decir, los usuarios utilizan los recursos re­que­ri­dos (espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to, pro­ce­sa­dor) sin necesidad de conocer su pro­ce­de­n­cia.

El cloud computing se basa bien en un centro de pro­ce­sa­mie­n­to de gran tamaño, bien en una granja de se­r­vi­do­res, donde los or­de­na­do­res o se­r­vi­do­res se conectan agrupando los recursos. Este tipo de co­mpu­tación en malla (grid computing) permite obtener un alto re­n­di­mie­n­to. Además, si se combina con la vi­r­tua­li­za­ción, se pueden crear in­s­ta­n­cias virtuales dentro de la red para los usuarios in­di­vi­dua­les, aunque estos no sepan el di­s­po­si­ti­vo en el que se en­cue­n­tran los datos. Y es que, aun no di­s­po­nie­n­do de esta in­fo­r­ma­ción, el acceso tiene lugar de forma rápida y sin problemas.

Variantes del cloud computing

Con el tiempo han ido apa­re­cie­n­do di­fe­re­n­tes ofertas en el mercado, las cuales se di­fe­re­n­cian  pri­n­ci­pa­l­me­n­te en lo que se refiere al modelo de capas y a la forma de im­ple­me­n­ta­ción, si bien también difieren según los precios y servicios que soportan.

Modelo de capas

Cada capa se refiere a un modelo concreto del servicio: hay di­fe­re­n­tes tipos de capas “as a service” en función del alcance de la oferta, que se organizan en una es­tru­c­tu­ra piramidal: mientras que el modelo in­frae­s­tru­c­tu­ra como servicio tiene el alcance mayor, el software como servicio se focaliza en una apli­ca­ción es­pe­cí­fi­ca.

  • In­frae­s­tru­cu­tu­ra como servicio (IaaS, In­fra­s­tru­c­tu­re as a Service). En esta capa el proveedor ofrece so­lu­cio­nes de hardware completas: potencia de pro­ce­sa­mie­n­to, espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to y te­c­no­lo­gía de red, tra­tá­n­do­se de in­s­ta­n­cias co­m­ple­ta­me­n­te vi­r­tua­li­za­das di­s­tri­bui­das en el pool de recursos. IaaS sirve como base para el resto de capas, aunque también se ofrece como producto in­di­vi­dual.
  • Pla­ta­fo­r­ma como servicio (PaaS, Platform as a Service). Esta capa va un paso más allá y pone a di­s­po­si­ción del usuario no solo el hardware sino también un entorno completo. PaaS está pensada sobre todo para de­sa­rro­lla­do­res de software. El proveedor se encarga de pro­po­r­cio­nar un entorno de de­sa­rro­llo ya creado en la nube en un hardware alojado, por lo que los pro­gra­ma­do­res se ahorran la in­s­ta­la­ción y el ma­n­te­ni­mie­n­to del entorno.
  • Software como servicio (SaaS, Software as a Service): en la capa superior se ofrece a los usuarios un software completo en la nube, es por eso que SaaS está pensado sobre todo para el co­n­su­mi­dor medio, que no va a necesitar in­s­ta­la­ción ni ma­n­te­ni­mie­n­to y está seguro de que el re­n­di­mie­n­to del hardware basta para el fu­n­cio­na­mie­n­to del software. Para poder acceder al software, los usuarios utilizan bien el navegador web, bien un programa re­s­tri­n­gi­do que carga la parte principal en la nube.
  • Eve­r­y­thi­ng as a Service (XaaS). Junto a los tres modelos nombrados, van anu­n­ciá­n­do­se cada vez con más fre­cue­n­cia otros servicios, aunque se debe no­r­ma­l­me­n­te a motivos de marketing. Un XaaS sirve para designar cua­l­quie­ra de las capas an­te­rio­res, aunque también puede ocurrir que no tenga relación alguna con el cloud computing. Es el caso de Humans as a Service (HuaaS) que describe un tipo de cro­w­d­sou­r­ci­ng.

Modelo de im­ple­me­n­ta­ción

Estos modelos describen el tipo de oferta: ¿se reservan las in­s­ta­n­cias para un único usuario o empresa o las comparte en un pool con otros usuarios?

  • Nube privada: el servidor lo usará un solo usuario. Una nube privada puede estar, aunque no obli­ga­to­ria­me­n­te, en una red interna (nube interna). Incluso con un proveedor de hosting con granjas de se­r­vi­do­res es posible recurrir a un hardware dedicado al que no tienen acceso el resto de usuarios del proveedor.
  • Nube co­mu­ni­ta­ria: una nube co­mu­ni­ta­ria funciona de forma similar a una nube privada, solo que este caso son varios clientes los que comparten una instancia de hardware dedicado. La co­m­bi­na­ción de usuarios no es casual, sino que pe­r­te­ne­cen al mismo ámbito de negocios o comparten los mismos intereses. Este tipo de nube se puede gestionar tanto de forma interna como externa y frente a la nube privada supone un ahorro de costes.
  •  Nube pública: este tipo de im­ple­me­n­ta­ción se co­rre­s­po­n­de con el verdadero ideal en el que se basa el concepto de la nube. El usuario usa, al igual que el resto de personas, la misma conexión al servidor y desconoce quién usa qué hardware, ni tampoco puede de­te­r­mi­nar­lo.
  • Nube híbrida: se trata de una fusión entre la nube pública y la privada. Es la empresa o el pa­r­ti­cu­lar el que decide qué parte de la operación tiene lugar en la nube privada (por ejemplo, aspectos im­po­r­ta­n­tes en la seguridad), y cuál le asigna la nube pública.

Ventajas y de­s­ve­n­ta­jas del cloud computing

El cloud computing ofrece numerosas ventajas, sobre todo a pequeñas y medianas empresas: la ad­qui­si­ción de una es­tru­c­tu­ra de TI propia que incluya se­r­vi­do­res es co­m­pli­ca­do, pues exige una im­po­r­ta­n­te inversión económica, además de un servicio de ma­n­te­ni­mie­n­to constante, lo que requiere un personal es­pe­cia­li­za­do. Asimismo, en el mejor de los casos el centro de datos crece con la empresa, aunque esto no significa que lo haga de acuerdo a los recursos re­que­ri­dos. En lugar de ello se va comprando hardware en ciclos pre­de­te­r­mi­na­dos, estimando la demanda en un futuro. Todo ello supone una ad­qui­si­ción de recursos mayor a la que necesita realmente.

No obstante, la mayoría de las empresas no pueden operar sin un centro de datos. Es por ello que la in­fo­r­má­ti­ca en la nube supone una solución plausible, pues se adapta a los re­que­ri­mie­n­tos de recursos. Tanto la in­s­ta­la­ción como el ma­n­te­ni­mie­n­to del hardware pasan a formar parte del trabajo de pro­fe­sio­na­les, de modo que la empresa solo va a necesitar te­r­mi­na­les sencillos y ase­qui­bles que los usuarios usan para acceder a la oferta de co­mpu­tación en la nube. Además, las granjas de se­r­vi­do­res pro­fe­sio­na­les, como las uti­li­za­das por los pro­vee­do­res de cloud computing, suelen contar con una mejor pro­te­c­ción de la que se podría conseguir lo­ca­l­me­n­te, pues el personal de seguridad evita el acceso de terceros, los técnicos protegen los se­r­vi­do­res de ataques digitales y los expertos en pro­te­c­ción ga­ra­n­ti­zan que los datos no se dañen o se destruyan. A ello se añade que algunos pro­vee­do­res de cloud computing realizan copias de seguridad obli­ga­to­rias.

Pero estos sistemas también presentan in­co­n­ve­nie­n­tes, por lo que muchas empresas siguen reacias a im­pla­n­tar­los. Para algunas empresas, la falta de ada­p­ta­ción es uno de los motivos para rechazar su im­ple­me­n­ta­ción, pues se crea una de­pe­n­de­n­cia de las co­n­fi­gu­ra­cio­nes de los di­fe­re­n­tes pro­vee­do­res. Además de que si el proveedor por algún motivo deja de ofrecer sus servicios, la empresa se encuentra ante un problema real. A todo esto hay que añadir la necesidad de contar con una conexión estable a Internet, pues de in­te­rru­m­pi­r­se con fre­cue­n­cia o ser muy lenta, el trabajo no es efectivo.

A pesar de todo, la pro­te­c­ción de datos es pro­ba­ble­me­n­te el tema que suscite una re­ti­ce­n­cia mayor: si bien es cierto que los datos están pro­te­gi­dos en el espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to, realizar una tra­n­s­mi­sión a través de Internet re­pre­se­n­ta siempre un riesgo. Otro de los problemas tiene que ver con la lo­ca­li­za­ción del centro de datos, pues mientras que los pro­vee­do­res europeos han de cumplir con las re­gu­la­cio­nes de este co­n­ti­ne­n­te, el resto de pro­vee­do­res in­te­r­na­cio­na­les siguen otras normas. Por ejemplo, las empresas de EE.UU. están obligadas por ley a revelar los datos a las au­to­ri­da­des es­ta­dou­ni­de­n­ses si así se requiere. Dado que las empresas que usan la co­mpu­tación en la nube tratan a menudo con datos co­n­fi­de­n­cia­les de terceros, suelen ver con cierto es­ce­p­ti­ci­s­mo este tema.

Conviene tener presente también que la co­mpu­tación en la nube no es gratuita, por lo que los usuarios han de tener en cuenta los recursos que requieren y, sobre todo, en qué momento. Las empresas tienden a contratar más recursos de los ne­ce­si­ta­dos, pues los costes son en principio muy bajos. Pero estos se van acu­mu­la­n­do, si bien no siempre ocurre así: muchos pro­vee­do­res ponen a di­s­po­si­ción in­s­ta­n­cias a corto plazo en cuanto estas dejan de usarse, lo que disminuye costes.

Ventajas In­co­n­ve­nie­n­tes
No supone un costo en la ad­qui­si­ción Requiere conexión a Internet rápida y estable
Sin co­m­pro­mi­so de capital Co­n­si­de­ra­cio­nes ante las políticas de pro­te­c­ción de datos
So­lu­cio­nes es­ca­la­bles De­pe­n­de­n­cia del proveedor
No requiere personal es­pe­cia­li­za­do La tra­n­s­mi­sión conlleva riesgos de seguridad
El ma­n­te­ni­mie­n­to y la pro­te­c­ción de los centros de datos están ase­gu­ra­dos Los precios reducidos conducen a menudo a recurrir a más recursos de los que se necesitan
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